Allá en ese mundo hostil antes de
serlo, de ordenes de gritos altisonantes de imprecaciones, de cobros que se
hacen antes de los gastos, donde se resuelven las peleas a empujones o piñas,
en ese mundo de servilismos, de favores que se cruzan, de comedidos que llegan
los domingos y leen esos cuentos de la vuelta al mundo, cuando tuvo edad de
andar entendiendo, un poco antes de dejar de ser un huérfano abandonado en un
hospicio, y pasar a ser entenado del patroncito de la estancia que después
terminó siendo su padre de crianza, él anduvo haciendo averiguaciones sobre sus
orígenes, después que se enteró que no solamente viene una cigüeña de París,
sino que además como cualquiera tiene que haber tenido un padre y una madre,
anduvo averiguando por ahí con la gente del patronato sobre sus raíces de las
que nadie quiso darle explicaciones, en medio de los galpones donde las mujeres
contratadas refriegas las ropas percudidas de los internos en tablas y otras
son ayudantes que revuelven ollas con cucharones ennegrecidos, nadie, ni Doña
Mery, cuando cocina mientras come o cuando come mientras cocina hablando hasta
por los codos, lo que unos dicen que es malo o bueno depende de quién la juzga,
esa mujer bonachona que él siente que lo quiere mucho por el tamaño de las
raciones que le deja en el plato cuando comen después de la campana que tocan
al mediodía, ni el opa del jardinero Cirilo, por ahí en los resquicios del
parque de eucaliptos y ligustrinos que impiden mirar para afuera en esa vida
triste del orfanato, ni ella ni él, que además de zonzo de ser cariñoso y tener
un corazón del tamaño de una piña, tiene la lengua ligera y le podría haber
dado algún dato, nada, lo dejaron como un pichón comenzando a agarrar el vuelo
propio, con la pregunta más simple y sin respuesta y más confusa de todas las
preguntas, cuando no hay recuerdos.

No comments:
Post a Comment