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Friday, May 09, 2014

Cuentas y cuentos.


Cuando llegaba el momento de los conteos, cuando las cosas pasaban de castaño claro a castaño oscuro, cuando el enjambre de versiones y comentarios se iba haciendo más grande con los chusmeríos que corrían por los pasillos de penal, lleno de gente hacinada sucia maloliente, mezclada con miliquitos pulcros a la fuera que olían a jabón de lavara ordinario y colonia lavanda, estos sentados en escritorios improvisados en rincones insólito, tenían sus versiones siempre restando los números que por ahí se tiraban a medida que pasaban los días, si los cuentos deban cuenta de una bardeada la noche anterior con quince compañeros ellos contestaban que fueron diez y repetían las mismas sustracciones como si estuvieran en una clase de tercer grado con una maestra gorda y mala que los obligaba puntero en mano a probar hasta que lleguen al resultado, cuando llegaban los momentos peores por los que ellos se daban cuenta que el horno no estaba para bollos, en los conteos después de las noches de desvelos fuertes de picanas y confesiones, de lavados de cerebro que hacían los oficiales que se desaparecían de día y volvían después de las once de las noches, ellos contaban siempre de más al revés de los otros que contaban menos, si decían que habían caído veinte compañeros en palomitas lña noche anterior, ellos hacían circular a propósito que fueron cuarenta para que eso llegara a sus familiares para que apuraran los trámites para que los dejaran de privar de su derechos constitucionales, se acordaban mientras los milicos contaban de menos ellos contaban de más como si se hubieran puesto de acuerdo para ir haciendo más mentiras las verdades y más verdades a las mentiras que circulaban por esos días de averiguación de antecedentes, al carancho doctor iracundo no se le pasaba nada.


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