Si la mujer barbuda se le fue con
su perico del caribe parlanchín y de plumas multicolores, porque se encontró al
hombre de su vida que no le interesó no solamente que tuviera barba y bigote de
varios meses y años, sino tampoco que tuviera pelos en las axilas sin afeitarse
la mujer peluda, allá ella, si el mejor trapecista se enganchó en algún pueblo
una ricachona viuda para que le haga monerías, y el amor en situaciones de
riesgo por los aires la cama o el techo, en saltos mortales trincándola como
quisiera, y lo dejó con la mitad del espectáculo sin banda en banda, con los
que quedaron que además de incompletos por esos días anduvieron de capa caída,
todos los días porque eran sus parientes, si el enano se casó por civil y por
la iglesia además eligiéndolo padrino para que le hiciera el mejor regalo, que
fue una orbis que puso con los otros a la entrada de donde fueron los festejos,
y que además ese enano maldito se afincó en la municipalidad del pueblo donde
la mujer que era puntera política le consiguió un puesto en contaduría
aprovechando que era tenedor de libros, al gordo del patrón no le interesaba
mucho, lo que ellos hacían muchas veces lo sentía como que era lo que el
hubiera hecho en la vida de mierda que es viajando todo el tiempo, que la casa
sean las piezas de hotel o de los camiones propios, que las cocinas sean
siempre improvisados calentadores o braseros, que la gente los mire todo el
tiempo son cosas lindas hasta loor ahí nomás, así que las partidas no lo
asombraban, lo que no quería decir que no las lamentara, y que por un tiempo a
él mismo todas esas ausencias le significaran que anduviera cabizbajo, planeando
todo el espectáculo con lo que tuviera, o con lo que le quedaba, además de ir
haciendo las reprogramaciones porque la gente de los pueblos por ahí gastaba
más en un baile con orquesta adonde tiraban toda la plata en pilchas, que en
las entradas para diversiones de los chicos, al gordo del patrón no le
interesaban mucho esas salidas, porque él conocía bien todos esos movimientos
con su abuelo que había recibido la empresita también de su abuelo, por cada
uno que se iba había uno que venía a pedir trabajo, unos salía y otro entraba
todo el tiempo, uno queriendo quedarse en el pueblo otro queriendo huir del
pueblo o de alguien del pueblo, el problema con los que llegaban era que los
que venían eran más para trabajos entre bambalinas que para los trabajos de
artistas en las pistas, carpinteros herreros, hasta oficinistas con historias
propias de cuernos, de haber estado en la cárcel, que querían olvidar, y así
sus mayores dolores de cabeza los tenía porque cada vez tenía más gente para
instalar o levantar esos campamentos de carpas trailer y jaulas, o recoger las
redes de los trapecistas en los saltos mortales, y menos gente que se ocuparan
de los números con los monos que pedaleaban y se pegaban cada porrazo que
hacían que los pusiera en funciones de por medio, manos los sábados y domingos
cuando entraban dos de la tres funciones.

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