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Wednesday, May 28, 2014

Altas rima bajas.



Si la mujer barbuda se le fue con su perico del caribe parlanchín y de plumas multicolores, porque se encontró al hombre de su vida que no le interesó no solamente que tuviera barba y bigote de varios meses y años, sino tampoco que tuviera pelos en las axilas sin afeitarse la mujer peluda, allá ella, si el mejor trapecista se enganchó en algún pueblo una ricachona viuda para que le haga monerías, y el amor en situaciones de riesgo por los aires la cama o el techo, en saltos mortales trincándola como quisiera, y lo dejó con la mitad del espectáculo sin banda en banda, con los que quedaron que además de incompletos por esos días anduvieron de capa caída, todos los días porque eran sus parientes, si el enano se casó por civil y por la iglesia además eligiéndolo padrino para que le hiciera el mejor regalo, que fue una orbis que puso con los otros a la entrada de donde fueron los festejos, y que además ese enano maldito se afincó en la municipalidad del pueblo donde la mujer que era puntera política le consiguió un puesto en contaduría aprovechando que era tenedor de libros, al gordo del patrón no le interesaba mucho, lo que ellos hacían muchas veces lo sentía como que era lo que el hubiera hecho en la vida de mierda que es viajando todo el tiempo, que la casa sean las piezas de hotel o de los camiones propios, que las cocinas sean siempre improvisados calentadores o braseros, que la gente los mire todo el tiempo son cosas lindas hasta loor ahí nomás, así que las partidas no lo asombraban, lo que no quería decir que no las lamentara, y que por un tiempo a él mismo todas esas ausencias le significaran que anduviera cabizbajo, planeando todo el espectáculo con lo que tuviera, o con lo que le quedaba, además de ir haciendo las reprogramaciones porque la gente de los pueblos por ahí gastaba más en un baile con orquesta adonde tiraban toda la plata en pilchas, que en las entradas para diversiones de los chicos, al gordo del patrón no le interesaban mucho esas salidas, porque él conocía bien todos esos movimientos con su abuelo que había recibido la empresita también de su abuelo, por cada uno que se iba había uno que venía a pedir trabajo, unos salía y otro entraba todo el tiempo, uno queriendo quedarse en el pueblo otro queriendo huir del pueblo o de alguien del pueblo, el problema con los que llegaban era que los que venían eran más para trabajos entre bambalinas que para los trabajos de artistas en las pistas, carpinteros herreros, hasta oficinistas con historias propias de cuernos, de haber estado en la cárcel, que querían olvidar, y así sus mayores dolores de cabeza los tenía porque cada vez tenía más gente para instalar o levantar esos campamentos de carpas trailer y jaulas, o recoger las redes de los trapecistas en los saltos mortales, y menos gente que se ocuparan de los números con los monos que pedaleaban y se pegaban cada porrazo que hacían que los pusiera en funciones de por medio, manos los sábados y domingos cuando entraban dos de la tres funciones.

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