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Sunday, April 06, 2014

Precipicios rima desfiladeros.


La misma vida es de esa manera, abismos profundos como los que lleva en sus recuerdos, como los de la quebrada, los cerros en Casabindo, las cimas del cerro de los siete colores adonde sube poca gente, como los de los caminitos sinuosos y angostos que llevan a la garganta del diablo por allá de Huamhuaca, asbismos que aparecen en los llanos de repentes, bordes peligrosos que en el final tienen el cuace del río blanco que lleva aguas marrones o coloradas, inspiraciones desalientos traiciones, inmersiones y elevaciones, complicaciones, dudas, deserciones, pero en momentos de guerras, y más de esta guerra contra la sinarquíz internacional aunque no se entienda muy bien los que es la sinarquía ni tampoco qué hay que andar haciendo afuera pasando de internaciona con la cantidad de quilombos que hay adentro, pero eso es lo que dicen, en esta guerra vale todo, y hay que tener estómago, hay que estar preparado para ceder a desconocidos por conocidos, entregar amigos a enemigos por lo que dicen los enemigos desconocidos que arman sus discursos, el mismo día que entregó la lista de los doce compañeros delegados, igual número que los apóstoles de Jesús con el traicionero incorporado, el mismo día que se la dio a los milicos en complicidad con los patrones con los nombres de los más zurdos del sindicato y de adentro de la fábrica donde lavan cerebros, el carancho anduvo de capa caída, caminando por fronteras peligrosas, de lealtades y deslealtades así se sintió, porque en esa lista estuvo el nombre del gallito, su colaborador más cercano y más cuestionado por los jefes de la empresa porque no era del gremio además de sus ideas marxistas y enfermizas, que entonces no podía ocupar ningún cargo gremial, y que aunque sea él, el que lo nombró lo mismo en un cargo de planta tiene que aceptar que se pasó para el otro lado para el lado de esos que andan con la reforma agraria y todas esas boludeces, él lo puso de secretario personal y tuvo que sacarlo, y le daba coberturas que el otro de mala suerte no tenía, porque tampoco tenía representación en el pueblo porque los del correo eran media docena de tipos nomás y de ellos nadie se acordaba, de todos de él es de quien más habrá lamentado, porque el otro andaba detrás de él en todos lados como perro faldero listo para lo que necesitara, secretario personal del secretario general, su nombre fue con la grafía del carancho, de puño y letra, el nombre de ese colaborador y amigo que siempre lo cargaba porque el carancho se compraba ropa como la de los jefes del ingenio y se vestía igual y  entonces el otro lo embromaba que el mono aunque se vista de seda mono queda, olvidado de todo eso lo hizo pagar a su amigo el pato por lo que otros habrán hecho.  



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