Y cuando los negros están que
lleva putas del hambre se les afloja la buena voluntad y la bondad y entonces
aceptan cualquier trabajo y entran en las razones estúpidas razones que les
ponen los supervisores y los jefes intermedios porque los jefes de arriba y los
patrones solamente hablan con el carancho, cuando acuerdan las cosas
importantes, y cuando los negros están con hambre aceptan yuguear acarreando
bolsas de cincuenta quilos a las estibas que llegan algunas hasta los cinco
metros y como tienen un dios aparte no tienen accidentes, después cuando ya satisficieron
el hambre los negros se ponen más meticulosos con los pedidos y entonces le
piden pagos compensatorios y el sueldo anual complementario que se paga desde
que el general escribió la ley, y si no entienden con la palabra aseguran los
delegados entenderán con los paros generales, la huelga, y las medidas que la
mayoría disponga para reclamar por los derechos, se enardecen los morochos
cuando ya están con la panza llena de tanto asado y cerveza de tanto puchero
regado con vino blanco y cabeza guateada saboreada con vino tinto, en los
descansos, porque a los trabajos van con la cabeza refrescada por lo menos,
aunque en la mitad del turno se mamen con el litrito de vino que los dejan
tomar según el convenio para recuperar la deshidratada de las ocho horas de la
puta vida acomodando esas bolsas de los patrones millonarios, y cuando los
negros están que los lleva putas el hambre van a las asambleas levantan la mano
y votan al carancho y a los otros representantes para que los representen, pero
después a los primeros problemas de pelear por otras cosas son unos iracundos
de mierda y unos rebeldes que hacen lo que les viene en gana, y de pronto, el
hombre erecto que llevan adentro es el mismo que esconde el garrote cuando ya cree
que no los necesita y lo vuelve a sacar cuando cree que sí lo necesita como
ahora que los milicos han prohibido las paritarias y el congreso y todos los
lugares en donde están representados, los trabajadores como está puesto en ese librito del manifiesto que leen en todos los descansos que traen los compañeros del socialismo, mientras los otros crean cuerpos armados con gendarmes,
policías y otros civiles chupamedias de los jefes que por un asado y unos
litros de vino andan vendiendo a la madre o a los hermanos, más que a otros a
ese abogado del sindicato que es un infiltrado porque se hace el popular que
defiende a los trabajadores y después arregla con la empresa como fue en la
fábrica nueva cuando negoció de despido como de trescientos compañeros, y
entonces nadie sabe muy bien lo que quiere y es todo un quilombo.

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