Harto está de vivir cada tanto en
lugares diferentes, aunque él sea diferente cada vez, desde el niño criado a las patadas al joven protestón de las comisiones en centros de estudiantes donde se juntaban todos los que tenían ganas de estudiar pero no dinero, desde el hombre calentón con las injusticias al aplacado componedor en paritarias, de mudar no solamente de casa sino también de andar mudando
de circunstancias, y de personalidades y de personas, de andar haciendo de
dirigente por donde vaya, cambiando siempre cambiando de lugar de lugares de geografías que los hacen cambiar también a él, se confunde, se olvida nombres, se equivoca el carancho se queja poco, pero no ve la hora de
volverse para sus pagos, allá donde en la atmósfera caldeada de los veranos
abrasivos retumban en el monte los bombos legueros, y los sapos, que en los
atardeceres croan como si acompañaran el zumbido de los cascarudos que
revolotean por los pocos focos de las calles del pueblo, harto está porque en
vez de los regresos, en cuenta de las vueltas, aparecen nuevos alejamientos con
los nuevos compromisos que va tomando, ahora que gobiernan los milicos y que no
le perdonan ni a los parientes si los parientes están en el otro bando, en el
bando de los zurdos lo califican, cansado está de andar en querencias prestadas
aunque le toquen casas que nunca se hubiera imaginado que tendría y otras
prebendas de secretario general del sindicato de obreros y empleados, de andar
tropezando con muebles ajenos o
alquilados de dormir en camas diferentes.

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