El chango le puso todas las fichas
al dedicarle todas las horas libres al estudio, así como una caterva de
parientes desde el abuelo a un sobrino que ya pintaba para hombre y que su
hermano hacía laburar en el pequeño taller aserradero de la familia, pusieron
todas las fichas para hacer una vaquita de mil pesos moneda nacional que, habían
calculado entre todos, le alcanzarían para, pagar el pasaje del colectivo que
pasaba cada dos días, para dos meses de pensión completa y algo de transporte para
que se evitara de andar todo el día a pata, en la ciudad de las luces donde fue
a estudiar medicina, él le puso las fichas que le correspondían a cambio de las
fichas que pusieron todos sus parientes, con el argumento que era el único que
llegaría a profesional de todos ellos, hacheros viejos en pleno monte en pleno
chaco de la provincia de los bombos legueros, estudiando de mañana y haciendo
changas en las tardes se mantuvo los seis años que tardó en terminar la
carrera, para con lo que además de la familia contó con la ayuda de los intransigentes
una corriente del partido radical que después de las proscripciones del general
de los obreros, que corrieron, habían copado su facultad y algunas otras
facultades importantes, sus compañeros de esa corriente le consiguieron un trabajito
mejor pago y uno pesitos extras para estudio que salían del partido, así que el
carancho siempre estuvo agradecido con ellos, tan agradecido que se hizo un
fanático de esta corriente más humanitaria dentro del partido del viejo Irigoyen,
el chango le puso todas las fichas para devolver en parte por las fichas que
pusieron otros para que en el cincuenta y nueve estuviera recibido de doctor y
consiguiera su residencia en el hospital del pueblo donde quedaba el ingenio
donde se radicó apenas terminó sus estudios, justo ahí en ese pueblito donde
comenzó a ver las injusticias que se cometían con la salud de los coyas que
venían para las cosechas.

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