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Thursday, February 13, 2014

Profesiones rima condenaciones.


Las recomendaciones de la odontóloga tenían un resultado inmediato en los pacientes que la seguían pero esos mismos encargos caían en saco roto si se trataba de ella, eso que si las oportunidades son pocas las esperanzas tienen que multiplicarse tirando siempre las postas de curaciones posibles para corregir cuadros imposibles en los dientes y en las muelas, sus dotes profesionales surtían efectos inmediatos a los peregrinos aquejados de dolores de muelas confundidos con infecciones de oídos medios o sangrados de encías que atendía por montones, en jornadas que atravesaban todo el día porque defendía ante su marido que estaban en la época de juntar para la casa propia el auto y todas las comodidades que vienen solamente con el dinero, las recomendaciones de la bella dentista tenían un resultado inmediato en los pacientes que día a día venían a verla unos con desganos como los niños traídos por madres o tías autoritarias o abuelas prepotentes otros con entusiasmos como los más veteranos ilusionados con prótesis que les devolvieran las sensaciones dejadas atrás de masticar como dios manda cualquier comida especialmente si es carne y es tierna, o las sensaciones de reírse también como corresponde a geta abierta, pero esos mismos encargos caían en saco roto si se trataba de ella cuando llegaba su paciente elegido, un musculoso y rubio jugador de fútbol que además tenía la dentadura con mínimos problemas, ahí en transmutaciones a las horas que fueran la doctora se transformaba en mujer se transformaba en yegua se transformaba en una puta cualquiera apenas terminado el trámite de dar instrucciones a la recepcionista de no molestar y de asegurar discretamente la empuñadura de la puerta de acceso, y allá el otro tendido como un mancebo en el sillón reclinatorio con la lámpara de luz potente haciendo cálido ese ambiente limitado a un haz de luz determinado, sobreactuando su oficio la hembra desabrochaba la cremallera todas las veces que pudo y se metía y se sacaba de la boca esa cosa inflada que acariciaba suavemente mientras se iba poniendo ella misma en posición para que el otro también jugara con su manos, sus recomendaciones caían en saco roto porque de esas fogosas sesiones era la parte que más disfrutaba y no interrumpía ni siquiera si una llamada del marido en el celular de emergencias salía al aire con la información que los niños quedaron en el colegio o con alguna otra de las rutinas cotidianas, días pasaba con una mano atendiendo ese celular maldito con ringtone sonando en hora inoportuna y con la otra acariciando eso que con tanta efusividad buscaba en el otro y el otro concedía perdido en sus limbos, en encuentros que terminaban en copulaciones desesperadas y rápidas sobre camillas o sillones o escritorios, ahí recién la odontóloga, condenada a esos placeres, volvía en su papel de disciplinada y firme, a recomendar a sus pacientes que a la boca hay que cuidarla.


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