Pages

Sunday, February 23, 2014

Miedo rima valentía.



Muchas veces salimos o entramos corriendo del embudo convencidos de tener a Gume detrás nuestro pisándonos los talones, a esa criatura brusca detrás de nosotros que veíamos de lejos de vez en cuando los días que pasamos por la puerta del conventillo donde vivía, recluido allá lejos al final de un largo pasillo angosto, impregnado de olores pestilentes por las aguas servidas, sentado en un cajón destartalado de vino o de cervezas, fija su mirada hacia adelante, con su joroba que parecía del tamaño de la cabeza y una cara que no veíamos muy bien por la distancia y por las quiscas que negras como espinas que era su pelo tapaban gran parte de su cara, las manos grandes, deformadas y cruzadas sobre sus piernas también hinchadas, por eso más que al él que veíamos en esas oportunidades, corríamos con el corazón en la boca porque temíamos que nos pasara lo que se decía que pasaba con él cuando agarrara a alguno e hiciera lo que no supimos muy bien que haría, porque en realidad las historias de él nos llegaban de las bocas de nuestros progenitores, de encocorotadas, y furiosos, después que los hacíamos transpirar la gota gorda con algunas de las cosas que se nos ocurrían, entonces nos llovían las amenazas, con él, que aparecía en medio de maldiciones y discursos sobre ir al propio infierno o estar condenado a la ira de Satanás y de otros demonios, muchas veces salimos o entramos corriendo del embudo convencidos de tener a Gume detrás nuestro pisándonos los talones más en las mañanas temprano cuando cruzamos para ir a la escuela o en los atardeceres con tiempos libres de andar en la calle hasta tarde, le teníamos miedo, aunque nunca llegamos saber. si era un pan de Dios o un Damián reencarnado, miedo a que nos alcanzara y nos tomara desprevenidos por el hombre desde atrás, y la valentía que nos imaginamos que teníamos cuando jugábamos poniéndonos en los papeles de los héroes de las revistas que leíamos se borraba de un santiamén y el desasosiego nos invadía, por eso corríamos al grito del primero que advertía su proximidad más en broma que en serio, esa es la verdad, aunque más pavura que a él sentíamos pavor por lo que decían los iracundos de nuestros precursores lo que nos haría, hasta el día que nos dimos cuenta que ellos, más que molestarse con nosotros, se molestaban con los momentos cuando se nos ocurría volver a casa, sin avisos previos, apariciones repentinas nuestras en momentos que ellos aprovechaban para hacer lo que a nosotros nos dijeron eran porquerías.


No comments:

Post a Comment