En las subastas de la aldea mayor
hay quermeses todos los días, hay ferias de los tesoros, hay comercio de joyas
y de sedas, hay prestidigitadores y enanos y espectáculos circenses, pero
también grandes negocios de corsarios notables, negocios que se hacen en las
aguas de los océanos que se resuelven en alta mar donde se puede ahogar a los
testigos, grandes negocios de tipos con garfios y patas de palo algunos de los
cuales son bucaneros que a la larga o a la corta son nombrados lores o sires,
en especial algunos de los que han amasado fortunas propias y ajenas, allá van
a parar de viejos y empolvados se hacen parlamentarios que la pasan mejor que
los vecinos de los Eliseo que se las pasan de revolución a monarquías, de
fortunas propias y ajenas que robaron, propias y ajenas que forjaron para otros
señores que parecen decentes pero que no tienen ni un pelo de decentes midiendo
por los negocios que hacen, ni lerdo ni perezoso como cualquiera el general
tiene sus apetencias personales, y muchos méritos hizo ya entre el ejército de
Murcia y la batalla de Bailén, entre la que quedó para la posteridad como la
guerra de las naranjas y las floraciones como oficial con fojas impecables en
el ejército de su graciosa majestad, apenas con treinta y cuatro años tenía
capas de bronce que lo cubrían de gloria poca pero aceptable, como para poner
sus condiciones cuando sus compañeros y maestres de la sociedad comenzaron por
hablarle del asunto, cuando empezaron a mostrarle durante sus días en Londres
papeles amarillentos ya por el tiempo en que fueron diseñados, por ingenieros
militares seguramente, mapas a mano alzada proyectados por maestros o peritos
agrimensores diestros en interpretar los relatos de los curas traicioneros
cuando cuentan mientes o exageran de los secretos de la aldea, esos mismos que
muerden las manos de los mismos que les dieron de comer, ni lerdo ni perezoso
como cualquiera el general que también está cerca de ser principal de la
honorable sociedad emancipadora escucha, absorto en sus propios planes de
regreso a su patria de nacimiento, nadie le pide nada nadie le impide nada, ni
los negocios mezclados con ocio.

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