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Thursday, December 05, 2013

Secretos rima infidencias.


Cuando partió definitivamente el general de los andes para la aldea de donde era, culpa de un tal Martín Rodríguez que por lo que le contaba a quien quisiera escucharlo le anduvo diciendo que es el mejor general de la nación pero que no le envió ninguna vitualla para terminar de entrar a las profundidades peruanas y terminar con la ocupación de esos españoles del carajo, la propia Rosita Campusano anduvo difundiendo a su conveniencia la versión, prolijamente recogida entre sacudida y sacudida del fogoso general, su propia versión, de esa larga reunión como de seis horas que mantuvo con el Atila venezolano que para empezar, no quiso aceptar ni de entrada ni de salida las propuestas de la logia o de los ingleses que fue conociendo de la boca de su camarada de armas, dominio de nadie parece que fuera lo que le habrá expresado ese belicoso oficial de las milicias calientes de trópico, ni españoles ni ingleses ni franceses, americanos, si no nada, pero también la propia Rosita Campusano anduvo difundiendo a su conveniencia la versión, cruda versión, que la intransigencia de este venezolano su vehemencia su defensa ciega de los intereses de los patriotas sus idioteces estaban en proporción inversa a sus desempeños en la cama según propias declaraciones de la amante que como ella andaba mezclada en las sábanas de las posteridades, regla aplicable, a la inversa, para su general que en los protocolos es tan ceremonioso y correcto y le hace todo lo que se imagina y no se imagina ella que le encanta que el otro se lo haga, todo lo que se imagina y lo que no.





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