Sus glorias están en los campos de
batallas nunca encerradas entre cuatro paredes de un cabildo, de unos salones
de tertulias, donde además de iracundos se juntan traicioneros, su glorias no
están en los congresos que son para los civiles a esos que les gusta armar los
gobiernos, sus emociones se aceleran en los entreveros cuando hay que andar
esquivando fogonazos y facones, se cansó de mandar emisarios, de pedir de
sugerir de hacer saber sobre las acciones que cree más convenientes, de mandar
embajadores a la aldea, pero Martín Rodríguez y ese otro oscuro de Rivadavia
habrán estado mirando para otro lado así que nunca le llegó el refuerzo de mil
quinientos milicianos que él les pidió para andar firme por el perú desde el
callao donde estuvo desempeñándose como protector de los peruanos, se cansó de
remar contra la corriente el general de los andes aunque la tiene a la Rosita
Campusano que no lo hace remar contra la corriente mientras están encerrados en
los aposentos, que es la única que obedece al pié de la letra sus ordenes, no
como los otros que no solamente las desobedecen sino que ni las escuchan y así
no se pueden armar revoluciones, esto se lo viene diciendo con todas las
palabras a la gente de la logia a medida que va sabiendo que el plan para
reemplazar un imperio por el otro va camino al fracaso, quieren fuera del
virreinato a los españoles algunos al menos pero no quieren adentro a los
ingleses ni a los franceses ni a nadie los que no quieren que no es el caso de
todos, las subordinaciones no solamente son partes del protocolo militar tienen
que darse entre los civiles aunque se trate de civiles con privilegios, que por
esos privilegios desobedecen.

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