Si se estará acordando por estos
días el capitán de sus entuertos licenciosos en los burdeles españoles rodeado
de meretrices saturado de libaciones de pócimas de licores de todas layas si se
estará acordando de esos días de juergas con sus compañeros de regimiento,
José, mucho antes de ahora cuando la carga de las responsabilidades le llueven
igual a cómo llueve en la aldea y no en las laderas cuyanas donde la lluvia
viene con el zonda, por la aldea no, es diferente, con chaparrones que se van armando lentamente y empiezan con
una seguidilla de gotas que suenan como golpes. fuertes secos como los del tambor en los avances, unos tras otros de las gotas cayendo sobre las maderas
de los techos, una tras otra las gotas sin treguas, como las responsabilidades
que le van apareciendo con los compromisos que el oficial toma de acuerdo a sus
disciplinas y a lo que le ordenan en la logia, las responsabilidades que
comienzan a llegar como esas gotas, seguido, pesadas como los años que va
teniendo en la raya de los cuarenta, si se estará acordando por estos días con
las cosas que tiene que poner en orden para terminar con la campaña de los
andes, y ahora, justamente que lo atacan sofocones, calores de escalofríos que
le vienen en las mañanas cuyanas de la bronca contenida por los chismes que le
traen de su Remedios, solamente Monteagudo se anima con estas cuestiones que
lo sacan de sus cabales, justo a él que necesita mantenerse tranquilo para
cumplir los cometidos que le encomendaron, si se estará acordando por estos
días el capitán de sus días licenciosos ahora que pasa sobresaltos con esa niña
caprichosa que corteja a esos insolentes granaderos de Murillo y Ramiro, si se
estará acordando ahora que los cuernos se le estiran como si fueran de goma y
apareció ahora también un tal Olazábal, solamente Monteagudo se anima con
estas cuestiones peliagudas para el general porque es como todo cornudo, en la
intimidad le busca explicaciones a todo pero por dentro arrastra el dolor de un
fauno herido por esa niña enfermiza que muy adentro suyo sabe que lo corona y
eso le trae zozobra, porque más que otras cosas le embroman las intrigas la que le interesan y que no
le llegan y que necesita para sus confabulaciones, para mandar información
cruzada al enemigo, sus entreveros de zapa, esa forma que el capitán tiene de
pelear cuando no está dentro de un campo de batalla, le vendrán calores de las
broncas de los sofocones pero está muy dolorido, si se estará acordando de sus
entuertos en sus años juveniles.

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