En los Cerrillos del Maipo o en
los llanos del Maipo depende del baqueano que los nombre porque además se pelan
por darles sus nombres a los lugares de paisanos atravesados nomás que son, allá en las postas en los bolichones de los poblados donde se descansa, el
general de los generales decidió emprenderla por oleadas contra los batallones
del ejército real desplegado en dos cerros allá en el poniente, una orden para
Blanco Encalada para ir despuntando, otra orden de este a sus oficiales y de
los oficiales mayores a los oficiales de menor rango, como en un gallinero
donde el de arriba caga al de abajo, aunque esta vuelta son los del virreinato por
lo que él con sus mapas de la topografía que determinó era el centro de las
fuerzas enemigas, cómodas le cuentan desafiando en posiciones defensivas como
para resistir todo el día, sensible a las necesidades de su gente dispuso que
le fueran dando sus raciones, todos transitan ese mediodía y nadie puede
quedarse sin su hogaza de pan y un pedazo de tasajo, caballos espadas de aceros
y fusiles y van estando listos para ir reforzando las partidas que partieron
primero, a comer primero después el entrevero es lo mínimo que les puede hacer
llegar a los cientos a las docenas de cientos de abnegados milicianos que con
sus pertrechos y eructando todavía salen a carradas engrosando las filas del
ejército unido, por el flanco derecho Las Heras y él mismo para dar las ordenes
y para hacerlas cumplir, ningún ejército pelea con la panza vacía más justo a
la hora del puchero un ejército sin comer un ejército con hambre es un ejército
de anónimos hombres expuestos al degüello, el general de los generales toma el
control de la columna de izquierda ataca y carga por todos los flancos con los efectivos la artillería la caballería
llegando al centro del inmundo ejército de ese Osorio que no entiende que hay
que rendirse.

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