Una y otra vez uno como otro
revelaron los detalles más conocidos de toda esa maraña de conversaciones
tertulias reuniones por las que los otros los acusaban de lo que los acusaban
pidiendo consideraciones porque eran más palabras que hechos que hicieran algún
daño, por ello rogaban garantías para no ser fusilados aunque nadie los
escuchaba, no pusieron reparos los notarios y amanuenses que llevaron el
proceso cuando el fraile confesor, hablando de compasiones y misericordias les
pidió por las penúltima voluntades de los convictos Carlos Robert y Juan
Lagresse, las caras visibles de de la cauda que los jueces caratularon de
conspiración a las provincia unidas, desunidas, y a la prelatura chilena y a
todas sus autoridades constituidas, en los que andaba el general de los andes
con el otro general que él mismo eligió para resistir a los españoles que por
esos días querían entrar nuevamente en santiago, no pusieron reparos los
notarios y amanuenses cuando el fraile de los convictos convertidos de pronto
en confesos pidiendo clemencia hicieron sus pedidos, se fueron en pedidos esos
día y en llantos con la sensación que pagaron las cuentas de otros, así Robert
alcanzó a decirle entre llantos a su mujer que al otro día de las ejecuciones
elevara sus quejas al congreso para solicitar una indemnización por un
procedimiento que fue sucio y manejado por el director Pueyrredón que le fue
diciendo al juez lo que tenía que hacer en cada uno de los pasos que se fueron
cumpliendo en los últimos dos años después del degüello de los hermanos Carrera
en la campaña mendocina, y que reclamara por lo menos para que su par de hijos
tuvieran un porvenir asegurado y que su muerte sirviera para algo, no pusieron
reparos los notarios y amanuenses para facilitarle a Robert lo que en verdad
quería, que los dejaran tranquilo en la celda con su mujer para copular con
ella en su despedida.

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