En las treguas que da la
agobiante guerra desproporcionada de tres contra uno entre hermanos despareja
de allegados como si fueran Caín y Abel con la diferencia que en vez de
personas son colonos serviles de los ingleses que azuzan y ponen las libras
esterlinas, allá donde el horizonte no son más que bombardeos enfrentamientos
donde mueren muchos inocentes defendiendo causas perdidas que ni siquiera
sienten, allá donde escasean las novedades y también los días diferentes a los
días de confrontaciones, donde no hay ni milagros magias que cambien
situaciones, en las treguas media docena de soldados paraguayos tallaron un
madero con el nombre de un tal Antonio Gil del que no saben quién es, del que
no saben nada más que lo que cuentan todos o casi todos los baqueanos que van y
vienen con correos por las huellas de las carretas por las fronteras de adentro
y de afuera, que es un infeliz de Corrientes o de Formosa que degollaron o lo
colgaron solamente por decir a viva voz que no levantará arma alguna contra
otros compadres, eso nadie lo sabe ciertamente, que fue ajusticiado por orden
de quienes están en los altos mandos del ejército de la aldea, por negarse a
meter en combates que son peleas entre vecinos porque a esos generales que
están arriba quiénes pelean tanto como porqué pelean que es por los negocios
que ellos hacen de las peleas, así como se les ocurrió pelearse por las tierras
como lo vienen haciendo sin acordarse de los indios ni del gauchaje ni de
nadie, ellos esos milicianos anónimos esa media docena de desesperados miembros
de la infantería paraguaya tallaron un madero y en su nombre en el nombre de
ese mártir con el nombre escrito como pudieron en el madero armaron una cueva
como un símbolo de una tumba digna, y le pidieron cosas y le rezaron con
oraciones incompletas porque es difícil memorizar cuando las enseñan los curas
y le pidieron volver a sus casas que les den de baja que el señor les haga los
milagros que no llegarán como lo presintieron, porque lo que contaron es que el
paisano cumple los que se le pide si se le pide con fe por todos los
sufrimientos más importantes y los soldados quieren volver a sus casas y
dejarse de joder con estas peleas que ni entienden, esos que están en la
fortaleza de Humaitá los que defienden Boquerón los que protegen las líneas de
los esteros fronterizos para que no entren ni los brasileños ni los uruguayos
ni los de la aldea.

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