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Friday, October 11, 2013

Descansos rima responsos.


En los atardeceres calurosos de Humaitá, en la vigilia permanente de cuidar que las fuerzas de la infantería de los infelices de la alianza no penetren en suelo paraguayo, los hombres descansan en los intervalos de los bombardeos y tumultos y entreveros que se arman de rato en rato, muchos de ellos no tienen treguas por días enteros, y entonces además de heridos o atacados de las cagaderas del cólera se mueren de insomnios y se desploman para siempre en algún rincón de la fortaleza, es que semejantes guardias continuadas para que ellos no entren al imperio del mariscal Solano López, quedan desnutridos y deshidratados, olvidados de sus oficiales que justo al mariscal arman estrategias en maquetas de arena mientras comen opíparamente en banquetes especialmente preparados por los cocineros del frente, en los atardeceres calurosos de Humaitá como en lo de Curupaytí cuando fue como en Piquisiry y Boquerón y Villa Rica, los soldados desfallecen atendidos por sus mujeres o por las mujeres de otros que van con el ejército con el propósito de custodiar a sus guaguas que se mueren y desfallecen igual que los hombres adultos, ellos toman descansos entres bombardeos y piquetes que avanzan y retroceden ellas levantan las voces en responsos por las almitas de los muertos, como ese gauchito Antonio que por lo que cuentan le hizo el milagro de salvar al hijo de su asesino de una enfermedad incurable, en sus descansos ellos igual que ellas le rezan a ese gaucho Gil que siempre les responde con las gauchadas que le piden.



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