En Humaitá el
mariscal no se aburre como se aburría en Asunción, especialmente en mejores
épocas cuando la guerra esta de la famosa alianza entre brasileños uruguayos y
esos de la aldea no entraba ni en sus sueños, y entonces se adormecía en largas
tertulias adonde su padre autoritario lo enviaba con la expresa instrucción de
hacerse en el arte de elegirse mujeres para la vida decente del futuro y para
las diversiones, cuando su padre le marcaba las diferencias y él aprendía que
con dinero todo eso se hacía más fácil, en Humaitá el mariscal no se aburre
como se aburría en Asunción por acá los cañonazos son cosa de todos los días y
de varios momentos del día, cuando las cañoneras de estos traicioneros se
ubican de tal forma como para bombardear esa fortaleza que nunca se arrepiente
de haberla construido, en Humaitá el mariscal no se aburre porque los oficiales
de sus ejército el glorioso ejército paraguayo se ocupan de contestar las
cargas del enemigo, lo que él aprovecha para ocuparse de las cosas del estado y
de su querida Elisa que anda con él por todos lados, en Humaitá no se aburre
además de los estruendo de la bombas que vienen desde el estuarios del río hay
gritos y corridas todo el día, hay facultativos atendiendo a lo heridos y
oficiales que se arriman con partes certeros y partes de guerra fraguados
preparados para que no se enerve, el mariscal se envilece porque en Humaitá hay
alboroto no como en Asunción adonde en las siestas con desganos se dormía.

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