Después de las ejecuciones de
Robert y de Lagresse y de los largos procesos judiciales sucios que se montaron
para perseguir a doña Javiera y a unos cuantos más de los oficiales franceses
que los ayudaron, después de las tristezas que pasó por las ejecuciones
injustas a sus dos hermanos en campos mendocinos que no pudieron parar ni San
Martín ni el enemigo O´Higgins que según lo que cuentan los gauchos baqueanos
que van y vienen por los montes llevando y trayendo los chismes que se divulgan
en las postas, no es tan así porque en el medio anduvo el hipócrita de Bernardo
Monteagudo que es de la misma logia de los otros que todos reciben órdenes
desde allá de donde vienen las libras esterlinas adonde él no pudo llegar
nunca, y por lo tanto los mismos que escribieron las cartas de clemencia para
el mendocino sanguinario del gobernador tienen que haber sabido nada más que el
protocolo a veces los hace que sean más cínico que transparentes, después de
todo esos episodios tristes el general José María estuvo deambulando un tiempo
antes de volver a las laderas chilenas a pelear para recuperar sus patrimonios
y sus prestigios contra el mandamás de San Martín primero, después a favor del
mismo mandamás de todo eso, hasta tuvo que ponerse al servicio de las causas
revolucionarias porque las intrigas con los monarcas que querían entronizar por
las Américas que circulaban en tertulias salones de meretrices paseos permitían
imaginarse que los españoles seguirían intentado todo lo que pudieran intentar
para no dejarse arrebatar lo que venían perdiendo.

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