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Wednesday, September 11, 2013

Minué rima chamamé.


Y a la mariscala doña Elisa la quiere el pueblo porque ella se desenvuelve tanto en los salones de la sociedad donde se desparrama terciopelo y filigranas doradas de cortinas y alfombras en el nacional el club más lujoso de Asunción donde los hombres andan de levitas y de sombreros de copa y las mujeres con unos vestidos por los que no pueden ni moverse, allá como entre el gentío la mariscala allá en las fronteras en la aldea donde la gente baila unas canciones alegres que llaman chamamé y cuando termina  pegan un grito y dicen sapucay que parece que están enfrentados con la fieras más peligrosas del monte paraguayo o en los estuarios insondables de esos ríos donde asechan los traicioneros de la triple alianza y los socios que se hacen los desentendidos para hacer buenos negocios, allá mismo donde los hombres no cuidan tanto sus vestimentas y las mujeres que aunque pobres lo mismo se acicalan, y a ella la quieren, unos la gente común los paisanos de a pié los trabajadores los labradores, y la odian los otros que aunque se llaman a sí mismos ciudadanos decentes porque se visten y comen diferentes son una lacra que vive del sudor de la gente, esos que bailan elegantemente en las veladas que hacen sin consideración que están en la guerra con el pretexto de presentar en sociedad a sus varones a los dieciocho y a sus señoritas a los quince en edades de merecer para ver si los relacionan con miembros de la sociedad del imperio y de los uruguayos, allá va doña Elisa que tiene inmunidad para demostrarles que el mariscal se enterará por ella de los traicioneros y también en las fiestas de la indiada porque no quiere decir que porque sean unos muertos de hambre no sean traicioneros cuando los son hay adonde bailan chamamé más y peores traicioneros que en los círculos de la sociedad donde bostezan bailando minués.



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