No les importa a ellas lo más
mínimo de esos que andan diciendo que son damas de las sociedad paraguaya
venidas a menos por culpa del mariscal mayor del Paraguay, que son las mujeres
que van a las óperas y bailan minués en los salones más distinguidos, ellas no
pensaron siquiera en el no piensan ni pensarán algunas ni siquiera lo conocen, sino
que eligieron quedarse como podrían haber elegido irse muchas de ellas
amparadas por los protocolos de la diplomacia, por el género con el que no se
animan ni los bandidos más bandidos todos tuvieron una madre o la tienen por
brutos que sean, y por las habilidades de seducirlos a los estúpidos de los
caballeros que pierden la compostura y la cabeza cada vez que se pierden por un
pedazo de piel blanca y tirante especialmente si es piel del pubis o de las
piernas o de las tetas, esas mujeres como cualquiera de la mujeres conocen bien
de las armas que tienen en los finales, no les importa a ellas en lo más mínimo
porque ellas han decidido residir teniendo la alternativa del exilio en esta
guerra de mierda que está diezmando lo que fuera las fábricas los comercios
todo, ellas van lo mismo en medio de las quemazones de los sembrados en medio
de los ríos de sangre y de entrañas y de despojos humanos que corren por los
estuarios de los ríos por el monte y los pedazos de selva por los que se
esconden los brasileños y los otros cobardes que vienen con ellos, como musas
inspiradas vaya a saber con qué motivos, viudas empecinadas niñas sin familias
viejas de vuelta, eligieron quedarse y caminar prudentemente alejadas pero en
la misma línea de las vanguardia del mariscal o de la mariscala Elisa que es la
primera que da el ejemplo, o en las formaciones del mariscal Estigarribia, a
ellas no les importan los comentarios porque desde que entraron en desgracia y
tuvieron que entregar no solamente sus valores para el fondo de la patria muchas
de las residentas entregaron esposos humanos hijos a la inmolación de las
lanzas y los puñales enemigos y de las explosiones que vienen de las descargas
de artillería, a ellas no les importa y tampoco se quejan de resistir en
Asunción en Piribebuí y en donde vayan las tropas adonde las manden, ellas van
por allá ayudando como pueden sin que las vean a las otras a las destinada
pobres hembras que tienen como único pecado ser las hembras de traidores
enemigos conspiradores y en nombre de ellos son castigadas en los campamentos
que arman hasta que llegan los dictámenes de los jueces o de las juntas
militares que disponen qué hacer con ellas, a ellas las residentas no les
importa lo que digan de ellas las chismosas de la chusma indecente que también
andan sufriendo con ellas en los campos de batalla que les matan los hijos
porque como buenas mujeres que son se ayudan al final de cuentas.

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