Ella le dice siempre que no se enoje que las chismosas hablan porque son como serpientes que qué le importa si le dicen que es una puta si ellas no salieron nunca de sus cuevas, mujeres que no saben de lo que es andar en las calles con hambres sin nadie que se ocupe de uno, de andar en la calle y ser objeto de la mirada de los hombres y saber que ellos pagan por ver todo lo que hay debajo de corsetes y vestidos holgados, que se ocupe de las cosas importantes le dice que vea si la mitad de los soldados que
dicen los oficiales que hay en las fojas de esos mismos oficiales cuando
informan sus disposiciones sus arsenales, si la mitad de lo que dicen es
realmente y la otra mitas la inventan para que él no se enoje para que no ponga
el grito en el cielo, para que no se dé cuenta que se va perdiendo con el paso
de las horas, entonces los días se vuelven aciagos, jornadas que comenzaron a
venir con las postergaciones de una guerra sin fin, de emergencia nacional,
porque comenzaron a perderse los patrimonios los arsenales los uniformes las
provisiones, de una guerra que no se sabía cómo terminaría cuáles serían sus
finales, aunque de incierto comienzo porque el mariscal solamente quería
colaborar con sus amigos uruguayos cuando se les metieron en el medio los
brasileños interesados en las tierras orientales y los de la aldea ávidos de incorporar
territorio en la frontera correntina, para armar tantos líos de los que fueron
armando, hasta su interminable resistencia en Humaitá y la conquista de
Asunción, días tristes para la mariscala generala de un ejército de fantasmas, puta
todavía hiciera lo que hiciera recontra puta parisina para las damas de la alta
sociedad paraguaya, damas que como patriotas resistían con náuseas y asco las
decisiones de las autoridades militares y entre ella las de la primera dama
puta liviana y cara de la ciudad de los artistas, de esos militares milicianos
imaginados resucitados disimulados para que los otros creyeran que las fuerzas
de la nación no estaban diezmadas, como fue haciéndose de a poco el ejército
paraguayo, formado por hombres y por niños heroicos pero completado por
fantasmas sombras sugeridas de hombres que fueron o están enterrados en
camposantos o en trincheras de campaña que fueron quedando, hombres que
aparecían en los partes que le llevaban brigadier para que diera las
instrucciones.

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