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Friday, August 16, 2013

Curupaytí rima Itatí.


Ramona Martínez con apenas veinte años se puso loca, lloró se quejó como se quejan las plañideras en grupos pero ella en soledades, cuando le vinieron con la noticia de que su marido fue uno de los cien paraguayos heroicos que murieron para hacer retroceder a cuatro mil cobardes brasileños uruguayos y aldeanos que  no pisaron las costas de la patria en Curupaytí, a ella justo a ella tenían que hacerle esto a ella los vecinos correntinos que la conocían de cuando iba promesando a la virgencita de Itatí varios días varias leguas con otros peregrinos hermanos iguales que vinieron, después de todo le quitaron el macho justo al compañero de los últimos cinco años casi el padre o los hermanos que la guerra le fue quitando, cuando más lo necesita para tener las crías con las que soñó desde niña, así que después de los funerales y de calzarse un luto en el vestido y una bincha que siempre cruzó desde entonces su frente, se fue detrás de las vanguardias siguiéndolas de cerca de la distancia para no perderlas para no perder ni un centímetro de oportunidades con su espada en la mano degollando enemigos partiéndolos por el medio, en vigilias que le hicieron perder la memoria el sentido de una vida solitaria, la espada del difunto en mano matando matreros y guachos invasores a nombre del imperio del mariscal Solano López y de la mariscala doña Elisa, ella estuvo en Villa Rica y en Caá Pucú donde se cruzó con las cautivas condenadas a éxodos circulares en las entrañas del infierno de los combates, de los combates que se hacen largos e interminables.



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