De ese trece de agosto no se
olvida más la aguerrida de María, puros sentidos puros reflejos se fue sabiendo
que su angelito no volvería más que su angelito ese día lo iba a ver a dios que
mejor es que esté con él y no con todos estos maleantes que andan peleando y
por riquezas sacrifican hasta la madre, que esté con el niño dios o con ella,
se fue a buscarlo pensando de encontrarlo y volver con el a casa, no se olvida más de cuando dejó las
tres últimas de sus guaguas en manos de la guagua más grande, la mujercita de
doce años para ir detrás de su guagua preferida alistado en el ejército del
mariscal Solano López por propia cuenta, por paraguayo y por agradecimiento a
ese brigadier que le da las tierras para trabajar y se las está viendo en
figurillas para defenderlos en Acosta Ñu, no se olvida más porque llegó dos
días después apenas a horas de los entreveros de la batalla grande y porque
estos lo tenían rodeado y son implacables y no le hacen asco a matar a salpicar
la sangre de los mártires y a matar a
los que tengan que matar para encontrarlo al mariscal que ya se ve que saben
que está perdido, y lo andaban buscando con un ejército que era como seis veces
el ejército del propio mariscal, pero a ella no le importó nada y se metió
nomás en medio de la maleza y se degolló la aguerrida María como a seis de esos
maulas asesinos que no se les parte el corazón de andar matando niños y no
tienen miedo que dios haga lo mismo con sus hijos, a pura bayoneta se mató por
lo menos seis en ese campo grande más grande que los campos en los que cosechan
o cosechaban cuando estaban tranquilos, para buscar al niño que ella estaba
segura que estuvo por allá pero ella no pudo ver por última vez, ese gurí que a
desgano de ella se fue lo mismo porque le decía que mire un poco cómo los
propios soldados de ellos prefieren ser desertores que traicioneros como los
traicioneros de Bartolomé Mitre y los otros que ganarán batallas pero no son
queridos por la gente, que hasta el último le estuvo dando la cantinela que
podía ocultarse y no ir a pelear contra las fuerzas de los traicioneros
cómplices de los ingleses, de ese trece de agosto no se olvida más la peleadora
de María porque su niño se llamaba Roque y Roque es su santo que habrá tenido
que hacer otros milagros para no acordarse del suyo de devolverle su hijo con
vida, ese hijo que era el sostén si no estaba ella del rancho que levantaron en
el campamento cerca de los trigales que levantaban en las cosechas, y porque Roque
se llama también el santo al que le pidió una y otra vez que le dijera a la
virgencita que le dijera a su niño que le protegiera el niño de ella y no pudo
ser, ejecutado con otros degollado igual supone la dolida María enceguecida y
enfurecida por esta batalla que están ganando los soldados de la fuerza del
conde de Lú, que ojalá que termine frito como los otros en su sartén de feyoada
como dicen ellos a los porotos, su niño que habrá ardido como ella vio arder a
otros niños que los otros encendido ardiendo como los otros, encima ella llegó
en el peor momento cuando estos infelices en Campo Grande en los campos de
Acosta Ñu, se desquitaron del mariscal pero se aprovecharon sanguinarios de
mierda de los niños que llorando llamaban llorando a moco tendido llamaban a
sus mamás que de los sembradías que les hacían de escondites salían a
defenderlos matando docenas de impávidos soldados que obedecían órdenes que no
entendían, ella era distinta ella se fue detrás de aquellos para vengar a su
hijo, ese trece de agosto lluvioso con tormentas que no dejaban ni rastros de
la sangre que se derramaba.

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