Recién ahora ese conversador de
Robert se da cuenta lo que es estar libre y no tener que andar dependiendo de
nadie para comer para conversar para cagar, para vestirse con los harapos reservados para andar en bolas lo que es no tener descanso no tener intimidad no tener privacidad, de esa ventaja que se tiene afuera
de andar haciendo y diciendo lo que se le da las ganas, a la hora que sea en
los momentos que sean en donde sea de la forma que sea, recién ahora se da
cuenta ese Robert cuando no hay nada que hacer porque el juez que ha puesto el director
general Pueyrredón avanza inclemente y eso significa que algunos de la decena
de acusados serán ajusticiados por traición a la patria, y de todos los que
están en el juicio él es el más jugado hasta la hermana de Carrera se salva
dama de mierda que hacía las reuniones en tertulias abiertas, en esos tironeos de
unitarios grita Robert como loco en las tardes cuando se vuelve loco en el
encierro cuando no le cae el curita franciscano que el director supremo
Pueyrredón le envía para que dios le perdone lo que él no le perdonará, recién
ahora ese condenado de Robert se da cuenta lo que le explicaron en su momento
sus compañeros del ejército chileno, que no hay que meterse en las cosas de la
logia Lautaro, que ahí están San Martín y otros compatriotas de don Juan Martín
que andan peleando para que no les hagan revoluciones ni les impidan las
organizaciones como ellos las quieren, persiguiendo a esos que andan gritando
por las provincias unidas como si fueran una federación, recién ahora se da
cuenta que estuvo conspirando contra un militar de mucha influencia y que ni
siquiera lo va a salvar el general Güemes a las ordenes del cual estuvo en
algunas de las batallas del norte, recién ahora se acuerda de llorar de pedir
unos rosarios para él y para su amigo Lagresse que llora más que él.

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