Al final los juntaron las
penurias, desgracias que pasan lejos de los terruños propios pero que son igual o peor porque no hay nadie cerca no hay un palo donde rascarse dicen los gauchos de estos lados, algo así como eso que no se ve porque no se dice por ahí va la penuria
pero cualquiera que los hubiera visto a los compadres Connant y Lagresse por esos días se
hubiera dado cuenta que estaban en desgracia, desgracia de hombres pudientes que todos los días tienen a disposición sus platos de comida y ropa decente para ponerse y pasar por ciudadanos sin problemas, panza llena y ropa decente como para hablar sin problemas de sus desgracias y de cuánto tienen que ver en eso las equivocaciones del director supremo del río de la plata que quedó aislado con las guerras europeas, en la peor de las desgracias
lejos de sus querencias sin un peso en los bolsillos y con cargas de familia de las familias que armaron por acá porque de las familias de por allá no llegaba ni siquiera un cobre partido en dos,
dos esos dos presuntos nobles comerciantes quebrados compartiendo las miserias de haber
dejado los negocios en manos de los peritos contables que los desvalijaron, estos
dos recomendados de Don Bernardino cuando anduvo allende el mar haciendo
negocios para sus propios bolsillos recomendando a cualquiera para que se estableciera en la aldea donde ahora manda el general Puyerredón que anduvo mezclado en el ataque al cuartel de las temporalidades, ahora por acá ellos sin saber muy bien de
qué van a parar la olla, confabulando contra el gobierno soñando con se parte del gobierno del que venga por el que se vaya, Connant peor que Lagresse porque anduvo
contando antes todo el tiempo desde que bajo de la goleta que él en el ejército
parisino fue oficial de Bonaparte y que por esos conoce todo lo que hay que hacer para luchar contra los enemigos de la patria, coronel de Nievre o prefecto o sub coronel, nadie quiso
preguntar demasiado ni supo muy bien tampoco porque el hombre no cae bien entre sus propios camaradas o entre los criollos que lo escuchan aunque como presume de sus
logros militares y se blasona con los cuentos de su abolengo o por lo menos del
abolengo de su padre un juez de paz del linaje de por lo menos tres
generaciones de notarios interrumpidas con él hasta que él quiso hacerse la américa, y
el otro lo detrás de él como si fuera un niño desde el mismo día que se
conocieron en la estación del ferrocarril del oeste el mismo día que
compartieron un asiento en el colectivo tirado por dos pares de matungos cuando
volvían a sus casas en las inmediaciones de la flores lejos del centro de la plaza de la victoria y de las casas cuyas tertulias visitaban por roce social y para quejarse de los sueldo bajos que se pagan a los oficiales del ejército, al final los juntaron
las penurias a estos compadres compatriotas y se tomaron a pecho editar un
diario revoltoso y así se hicieron conocidos en toda la aldea por andar
conspirando en épocas que las conspiraciones estaban a la orden del día, pobres
aunque dignos andan diciendo el par de nobles juntados por las penurias.

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