En los primeros años fue un hogar
donde reinó la armonía, los dos venían de buenas familias, la de él con más
ínfulas que la de ella aunque con muy pocas diferencias en las mezclas, él era
hijo de una hija de franceses bien franceses que procreó con un criollo de esos que ni saben de dónde putas
vienen pero que están seguros que por lo menos de dos generaciones para atrás
son del mismo suelo del palo nacional, y ella era hija de una española con un
criollo con las mismas historias que el otro del origen incierto y certero como
si fuera un sello marcado en el color moreno de la piel los ojos negros y los
rasgos aguileños de sus caras, las ínfulas de la familia de él venían de una
mejor posición y acomodo en la sociedad pero en la práctica apenas se notaban
porque se sostenían más en las fábulas que contaban los más viejos en las
sobremesas que a los despliegues de plata o de bienestar que se veía en las
casas, había pero no sobraba, alcanzaba pero no para tirar, eran quizás la
descripciones que hacían parecidos sus hogares además de unos muebles viejos en
ambos casos que reflejaban a pesar del paso de los años la nobleza de las
maderas con las que estaban hechos y las prolijidades de los respectivos
carpinteros, el y ella habían tenido una buena educación, el maestro mayor de
obras en la escuela de su ciudad natal la mejor escuela de todas las que había
así que los chicos salían con el título del oficio en la mano aunque les
quedara mucho por aprender en las cosas prácticas y en sus primeros pasos de
ayudantes de albañiles pintores o mamposteros y tenían un largo camino hasta
ser ellos mismos los protagonistas en esos artes, y ella de la famosa escuela
normal de donde salían las maestras con el oficio bien redactado en sus títulos
pero desorientadas apenas las mandaban a escuelitas que estuvieran un poco
alejadas del ejido urbano de la ciudad de ella en este caso, en los primeros
años fue un hogar donde reinó la armonía, si armonía se le podían llamar a
todas estas coincidencias y a comer y fornicar todas las veces que se les
vinieran en ganas, no tenían ni un sí ni un no eran jóvenes ágiles responsables
y los párvulos crecían como ellos lo querían con lo mejor de lo que de ellos
salía.

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