Nunca le dieron respiro al
cacique manzanero nacido y criado en el ambiente placentero y de paz que su
padre el cacique Chocorí con paciencia y tiempo logró armar más para la chusma
que para los valientes pero ausentes guerreros a resguardo de los huincas que
primero venían y que los otros llamaban españoles y ahora son los mismos militares
de la confederación que se pelean con otros militares también de la misma confederación,
ese lugar en el mundo de ellos rodeado de follajes en olas y ondas como si
fueran el mar o los espejos de los ríos de aguas marrones y de tonos de verdes
pintando laderas y serranías y árboles frutales frondosos de manzanas rojas de piñones
dorados y de hielos más que el blanco de la lanas de las esquirlas en las
montañas y en los lagos que en el horizonte se juntan con los cielos azules
claros y de azules oscuros y de estrella titilantes que ellos leen sus hermanos
los brujos cantan las buenas y las malas como ninguno, no le dieron respiro al
cacique manzanero que nunca armó un malón para devastar a esos blancos
caprichosos y codiciosos que no entienden nada de las señales que el les manda,
que no quiere pelear que no conoce el odio ni entiende de sus codicias de sus
contratos y de para qué quieren hacerse dueños de lo que da la pachamama, y al
contrario los otros se ponen peor de escucharlo son más sanguinarios cada vez
que vienen a quietarles las tierra que después se reparten en parcelas y
escriben documentos que llaman títulos y no los dejan entrar más porque ponen
tranqueras, nunca le dieron respiro a él que justamente el cacique manzanero al
que no pueden enrrostrarle ser agresivo porque las veces que los enfrentó lo
hizo para defenderse y nada más, que él no los va a buscar que para qué
necesita buscarlos si donde estuvo fue feliz siempre ahí, justo ahí de donde lo
sacaron para encerrarlo en la aldea en la fortificación del retiro donde lo
dejaron después de separarlo de algunos de sus compañeros que fueron enviados a
las zafras en los ingenios y para hacer de sirvientes en familias acaudaladas,
justo ahí de donde él ni hubiera salido ni se hubiera movido y adonde lo
mandaron ahora como si estuvieran burlando para andar deambulando por ese
reducido espacio del fortín primero, desdentado y viejo ya sin fuerza ni
entusiasmos, y después por estepas resecas que están cerca del lugar de donde
viene pero que no son el lugar, nunca le dieron respiro a él Valentín Sayhueque
príncipe de una dinastía de nobles huilliches hermanados con tehuelches pampas
y araucanos, nunca le dieron un respiro ni ahora que yace huérfano de los suyos
en serio caído de un infarto al lado del salesiano Carabajal que ya le está
mandando la novedad por telégrafo al presidente Roca.

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