Cayeron así de golpe como si nada
trayendo cosas que a los compadres les gustan por eso se ganan algunos
compadres y comadres que se fueron a vivir con ellos apenas aparecieron porque
les dan de comer y les enseñan religiones, de golpe aparecieron un día y ese
día lo hicieron con armas explosiones disparos cerrados, atacaron y atacarlos
fue siendo entonces cosa de todos los días, replegarse cuando se repliegan y
atacar nuevamente cuando menos lo esperan, andar horas y horas y leguas enteras
en los desiertos orientarse para desorientarlos, desorientarlos para orientarse
y no para que ellos se orienten, ellos conocen menos la geografía con muchos
cerros serranías muchos arbustos y poca agua los capitanejos no se cansan
mientras no se cansan los caciques, una y otra vez esperando lo que no pasa
nunca, que se terminen cansando los otros esos de caras blancas que dicen los
mensajeros que no se cansan porque levantan sus aldeas diferentes con casas de barro
duro y se quedan a vivir donde se asientan, fue peliagudo acostumbrarse a todas
estas cosas de la vida nueva defender las cosas propias con tenacidad, mantener
esos tropeles que se van desmantelando porque los otros saben comprar y vender
a sus gentes, estos tipos todos prepotentes que aparecieron queriendo lo mismo
que quiere cualquiera de los bichos que caminan tierra frutos agua libertades
hembras en celos para descargar las ganas y las riquezas que traen como anillos
y colgantes en cruces, fue peliagudo ir entendiendo que ellos hacen lo mismo
pero que tienen otras armas más poderosas que las lanzas y las flechas,
apechugar esos ataques de traicioneros que cuentan los amigos de otras tribus
que traen las historias más traicioneros que los traicioneros que ellos tienen
en las tolderías, el chileno le pescó al vuelo las indicaciones que el máscara
verde viejo y cansado jefe del ulmanato mayor de las pampas le fue dando en los
últimos días cuando se estaba muriendo de viejo, y que como un esquelético
faquir caminando por su cuenta y recorriendo las tolderías le iba delegando sus
funciones como si fuera el propio hijo que no tuvo porque cada vez que preñaba
a las hembras que preñó que fueron muchas le salieron otras hembras hasta el
número de cuarenta cuando perdió la noción del conteo, el chileno le pescó al
vuelo y le iba asegurando con la misma insistencia que el otro le fue diciendo
las supervivencias que el otro le fue pidiendo para ellos y para sus gentes que
eran muchas y llegaban a más de cinco mil almas que vienen esquivando hace cien años las invasiones de los blancos que
primero fueron unos y ahora son otros como ese que apareció últimamente como
ese general colorado de Rosas que anda deambulando como si viviera en el
desierto con dos coroneles que se llaman Aldao y Huidrobo, que son más
peligrosos que los que vinieron antes, porque se hacen los amistosos y después
vienen con los franciscanos y hablan que no tiene que haber guerras pero lo
mismo se salen de sus vainas de andar blandiendo sus facones, quitándoles la
tierra justo del lugar de donde sacan la comida igual que ellos.

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