Dicen que el hombre es el único
animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y es cierto, no estoy seguro
si lo del último animal o si la piedra es la misma, pero que nosotros nos
equivocamos más de una vez, varias veces, es absolutamente cierto, vamos por
ahí caminando como podemos con las armas que nos dieron o que fuimos
consiguiendo por nuestra cuenta a lo largo de los años, y claro muchas veces nos equivocamos, y muchas veces también, con las mismas decisiones con las mismas personas en las mismas circunstancias, sin aprender nada de los errores aunque aseguremos lo contrario. Y ahí vamos
equivocándonos es la manera que hay que decirlo, porque para nada somos los
únicos que no equivocamos, este plural nos alcanza a todos, sin excepciones de
ninguna naturaleza, pobres o ricos, altos o bajos, casados o solteros,
cónyuges o hijos, sensibles o insensibles, siempre hay y en toda circunstancia un individuo de nuestra
especie confirmando ese curioso principio de acuerdo al cual vamos y volvemos
de las mismas equivocaciones, a nosotros mismos y a los otros, así que en grupo
somos un manojo de equivocaciones que como una bola de nieve va aumentando de
tamaño a los largo de la vida aunque nosotros, por nuestra cuenta, hagamos algo
para remediarlo también por nuestra cuenta. Y por eso mismo de equivocarnos
tanto lloramos, a veces porque otras veces no lloramos y eso es muy malo porque no nos sacamos esos pesos que van ganando esos amontonamientos de errores que vamos acumulando, lloramos de varias maneras para purgar saturaciones resacas que quedan en distintas oportunidades o no lloramos porque nos vamos secando con nuestras desilusiones desencantos impotencias, lloramos como
niños como mayores cuando crecemos aunque si vamos durando en el camino nos
vamos dando cuenta que lo bueno sería saber la forma de llorar como niños que
ir manejando el llanto o el lloriqueo es mejor que ir haciendo que esos sollozos vayan siendo correspondientes con las distintas edades que vamos
pasando, porque el llanto de un niño es el llanto del que se equivoca sin sacar
de eso prejuicios, si pegamos el llanto al paso del tiempo llega un momento que no lloramos, aunque a la larga o a la corta llega el momento que lo haremos, ahí estaremos locos, empezando para los demás.

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