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Monday, March 18, 2013

Adversidades rima nimiedades.



Entre yungas y selvas él comenzó por esos años a encontrarse con lo que estaba buscando desde mucho tiempo atrás, con él mismo, penetrando en las yungas y en el pedazo de monte en el que estaba su trabajo de maestro mayor de obras le fue rindiendo sus primeros frutos, buen sueldo buena casa buena mujer para fornicar todo lo que se le diera las ganas, en eso consistían entonces los días de su existencia y estaba más que conforme con eso, mucho tiempo se había estado buscando después de irse de su casa a los dieciocho reclutado como conscripto raso por la fuerza aérea, todavía recuerda y lo comenta en cada oportunidad que tiene a quien quiera escucharlo, las sarta de recomendaciones y mimos de su madre y de sus hermanas mayores el día que tomo el tren desde santiago a buenos aires así con minúsculas como suena aclaraba siempre a sus interlocutores, sustantivos comunes todo con letra minúscula bromeaba siempre, todavía se acuerda cuando cortó ese primer cordón umbilical con ese puñado de mujeres que lo ahogaban sin darse cuenta que él era un hombrecito bien machito y formado desde por lo menos un tiempo considerable y que en consecuencia se daría vueltas con los que viviera en sus días de colimba, por su cuenta como ahora que desmontaba desforestando para llegar con el progreso, en esos días que los sueños eran notablemente más abundantes que las realidades de los días que además pasaban lentamente, mucho tiempo se estuvo buscando después del servicio militar hasta que dio con el trabajo y con ella su mujer que lo fue sacando con calenturas y paciencias de su propias calenturas y urgencias, cambiando la adversidad de la selva el calor los mosquitos el paludismo en los vecinos por un porvenir que fue soñando como si soñara un niño, así que allá se fue encontrando en ese paisaje agresivo de vegetación más que abundante más que verde y de todos los colores, todo era poco para la plenitud que vivía, desmontando pedazos de esas yungas de esa frondosidad para hacer viviendas y hospitales para los coyas que amontonados y sucios en trenes también sucios de vagones sucios caían en carradas una vez por año a levantar la cosecha de caña de miles de hectáreas de cañaverales sembrados, así se fue encontrando él a sí mismo y con ese paisaje que pegaba para encenderlo de deseos y pasiones todo el día todos los días, a la mañana a la siesta a la noches la dejaba exhausta de requerimientos inimaginables por él allá en los tiempos lejanos cuando despidió a sus mujeres en la estación de santiago.


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