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Monday, February 18, 2013

Blancos rima rojos.

De pronto no están más los gauchos que pelearon por las causas pasadas que estuvieron en la rencillas fratricidas de los acaudalados caprichosos y codiciosos señores que se venden y venden sus productos en los mercados, rojas las sangres derramadas blancas las esperanzas que se tuvieron los sueños que no se negocian, blancos y rojos, de pronto parece que esos criollos hijos de este mismo suelo de esta misma aldea en los alrededores del retiro o del pozo del miserere se fueron a las provincias cansados de pelear por igualdades que se dan solamente en los papeles en las actas de los congresos que llaman constituyentes pero que no constituyen nada, Mitre los fue corriendo a todos inspirado en ese que habla de civilización y barbarie el blanco maestro de las rojas y oscuras sugerencias que también es de esta patria o del proyecto de patria que no termina de ser un proyecto, de pronto no estuvieron más esos criollos desde el chacho para acá, se refugiaron todos en las tareas del campo allá por lo menos quedan con los lomos en franjas rojas de carnes vivas pero vivitos y coleando como para mamarse los días de franco en la pulperías donde les terminan de sacar los pesos que tienen de sus insuficientes jornales, fueron muriendo por bandas cuando los ejércitos de la república comenzaron a recorrer los piquetes insubordinados cuando la orden fue de exterminar la resaca para que quedara la gente decente y nada de los antiguos federales esos que andaban galopando con las vinchas y las fajas rojas gritando vaya a saber qué estupideces, de pronto no están más los indios la consignas son otras y las tiran tipos de boinas blancas criollos también pero leídos los primeros alumnos de las escuelas que puso el mismo que habla de barbaries, los mismos tipos que escriben discursos y diatribas en los periódicos, de pronto ya no están más los chagüancos, los araucanos o los tehuelches, todos exterminados o evangelizados porque los curacas tuvieron sus participaciones en todas estas transformaciones, de quitarles no solamente las tierras sino también sus creencias ancestrales a estos bárbaros infelices, de pronto fueron borrados de los campos de batallas que se trasladaron a las batalla urbanas en la famosa aldea donde se pelean por el poder, ya no están ni los gauchos ni los indios pero allá estuvieron todos los muchachos los nuevos muchachos los pensadores de la aldea con energías las juventudes descendientes de esos que se quedaron, allá estuvieron con sus boinas blancas para que los distinguieran sus compañeros en medio de la bruma de la primera mañana, en la madrugada fría y húmeda del veintiséis de julio, esos mismos hijos de esos mismos gauchos o de los indios que se fueron quedando en la ciudad para ayudar en los trabajos de los servicios de los señores que regentean la tierra y los capitales que se piden como empréstitos a los ingleses que dominan el comercio, esos que ponen los precios en los alimentos que son para las familias y pagan jornales de hambre, esos criollos apuestos y bien criados por madres solteras despechadas meretrices de los señores acaudalados del centro que se reparten los poderes y los beneficios de los tesoros públicos, allá estuvieron todos en el parque de artillería, convocados por un tal Alem que les dice que no hay que aceptar más la inmoralidades las corrupciones de los gobiernos que hay que cerrarles la ciudad y atestarla de cantones para decirles a los tiros lo que no quieren escuchar en las palabras, allá estuvieron en ese reducto tomado por unos militares insurrectos y unos iracundos civiles que por eso unas horas antes se habían proclamado como la unión cívica, allá estuvieron todos olvidados del frío húmedo de la mañana y de la garúa persistente que moja sacos y levitas y sobretodos y también las bolsas de arena que en silencio van sacando del parque cerrado y trasladando en hombros hasta las barricadas en las esquinas para resistir a las fuerzas del orden que vienen a poner justamente lo que falta.

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