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Tuesday, January 15, 2013

Peso rima pasos.

De todos estos señores de levitas y de sombreros de copa que entran con sus damas de vestidos como sombrillas grandes por los alambres que se ponen en los faldones que son invisibles para todos pero incómodos para ellas más si ellas tienen ganas defecar o de ser infieles, y se calientan en las tertulias aburridas donde ellos fuman puros y compran y venden los que en los cabildos y en los foros llaman la patria la confederación la república desde la misma época cuando comenzó todo pensando en la independencia de los españoles para hacerse esclavos de los ingleses y después de los españoles de nuevo, y de los franceses y así sucesivamente entreverados, en opiniones dispares en producciones dispares en obediencias dispares a las proposiciones de los extranjeros como fue con el préstamo de las libras inglesas, aturdidos todos en guerras internas mientras los otros embarcan las riquezas que se negocian en esas tertulia, tasajo y toneladas de sal y oro para hacer lingotes en las fábricas que trabajan para bancos londinenses, salones donde los varones fuman imaginando porvenires de venturas parisinas y aventuras en burdeles especiales y las damas de sociedad fornican con dignatarios en alcobas preparadas para que nadie se entere y menos los maridos que tienen que acondicionar los contratos por los embarques que hacen a los reinados que mandan en el mundo, pesos fuertes patacones libras esterlinas onzas de oro que van y vienen en buques mercantiles que navegan a expensas de los piratas encima, amigos todos por estos días mientras duró la necesidad del general ese del entrerriano que dejó su actividad comercial y en poco tiempo propietario de tierras y fuerte empresario para entrar a estas contiendas que no se terminan porque los que colaboran con el dinero cambian a cada rato de ideas de opiniones de criterios, el mismo general que no se termina de conocer bien de qué color son las banderas que enarbola, de qué federalismo que alguna vez y allá fue en la senda de Ramírez y Artigas, de todos estos señores de levitas y de sombreros de copa que entran con sus damas a los cafés que se inauguran y a los salones donde bailan minué y todos esos bailes que importan que son europeos, señores que no lo consideran como no consideran que fue cuatro veces gobernador electo y jefe del Ejército Confederal que triunfó en Arroyo Grande y en la Banda Oriental triunfando y en India Muerta y en Laguna Limpia y en Vences siempre derrotando hermanos siempre derrotados por hermanos, se enoja el paisano Alfonso mientras le llegan una chispas que salen del un fuego crepitante del fogón que les hace de centro a los gauchos que se acuerdan de las virtudes y los defectos del director provisorio de la confederación y primer presidente constitucional de la confederación con capital en el distrito federal de Paraná, recita como si fuera que les enseña a los otros que llevan como el ese morral de sueños truncos.

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