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Monday, January 21, 2013
Mitades rima porciones.
Y después terminan todas no de chanchas amigas ni se dan mucho corte pero viviendo en el palacio con sus proles y ese macho que de vez en cuando las visita y les da para que tengan y no se anden aguantando las ganas mijitas, mitad para todas un poquito por acá y un poquito por allá que con un poco de voluntad todos pueden estar como dios manda, y se parecen y se mimetizan unas con otras y al final nunca termina de saberse quién es quién aunque la mayoría procede de familias patricias como las del propio padrillo, Cruz López Jordán fue para él de la mitad para arriba de la mitad para abajo, porciones de un amor por arriba fresco fragante brotando que el general fue consumiendo por porciones mitad para arriba mitad por abajo descubriendo capullos que iban abriéndose al roce de sus manos, como andan contando los chismosos que registran, la menor de las hijas de doña Tadea Jordán, de Ramírez en primeras nupcias y de López en segundas nupcias, esa niña estuvo deslumbradora por arriba y por abajo y el general joven y enamoradizo se sintió deslumbrado también en deslumbramientos mutuos si lo deslumbramientos fueron las ternuras mezcladas con calenturas, los cuatro ojos como luceros de un único firmamento, de la mitad para arriba, primera porción de las porciones predilectas del general que estas cuestiones del corazón hasta el hambre le quitan de la mitad para abajo, delgada en su figura cuentan por todos lados los que se atreven al final el es presidente como en la aldea hay directores o presidentes de las juntas, alegre en su trato incapacitada para la torpeza de virgen inquieta y preparada, cordial sin mengua de su femineidad como hablan las mulatas que los sirven, Cruz Jordán emite sonidos imperceptibles, gemidos gritos apagados de orgasmos seguidos para él y solo para él como resplandores mágicos desde el lugar en que se encuentre, en esa tertulia que para otros es la oportunidad para hablar de temas políticos y convulsiones en pampas convulsionadas y ríos convulsionados por negocios y odios, siempre candentes en tiempos tumultuosos los ojos del general volando al encuentro de los ojos de la niña Cruz, de la cintura para arriba aprestos de ese amor a primera vista, de los arrebatamientos de esas inspiraciones mutuas conspiraciones roces furtivos y malintencionados que la niña disfruta temblando, clavados los ojos en los ojos nivelados los dos en una mutua y muda admiración de los ojos pasando a las manos, en la mitad de la mitad para abajo para esas zonas que se buscan por ganas y por instinto, un roce aquí una breve caricia por allá donde llegan los que tienen la venia, otra más acá todo bajo el amparo de la contradanza y sus felices compases de la tertulia que comienza por la que el general se vuelve loco de amor y olvida todo, de los árboles traídos de Australia y de medio mundo de los muebles importados de Hamburgo y damascos de Oriente y alfombras de Samarcanda y pianos de Alemania y platería del Perú que ha desparramado por todo el palacio para que viva su reina y vivan todas las reinas suyas, se olvida de las guerras intestinas de los díscolos porteños que inventan formas de gobierno para que nadie se meta con su intereses se olvida de sus errores con el restaurador, se olvida de todo, de la cintura para abajo retenido en esos infiernos que conoce vuelta a vuelta mucho le gusta al general andar en esos infiernos que ahora coinciden con los calores de Cruz con sus propios infiernos ardiendo debajo de sus enaguas, se olvida de los más de mil trescientos muertos difunteados en el campo y los dos mil prisioneros y de los dos mil los pocos que quedaron para contar el cuento porque los demás cayeron bajo las armas o el degüello transportados en chacanas, dijeron los enemigos, como dijeron lo demás, de la mitad para arriba el general se olvida que fue acusado de haber sido autor de tamaños estropicios en cuerpos de cristianos y de algunos gobernadores.

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