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Saturday, January 19, 2013
Amores rima furores.
Temprano en la vida nadie sabe muy bien cómo, por dónde empezar, que es lo que hay que hacer para hacer eso que uno siente que quiere hacer sin saber cómo, solitario descubriendo erecciones jugos que mojan la entrepierna jugos que mojan y almidonan las sábanas blancas impecables de los ajuares y a veces de las cobijas de los cubre camas, si hay que abrazar a alguien del sexo opuesto para recibir abrazos si hay que besar unos labios carnosos y colorados acariciar un suave cuello o esmerarse y transpirar para desmontar el ropaje de alguna de esas ninfas bellas que se ven en las calles en las tertulias en las iglesias, y después de los cruces de miradas y después de casuales conversaciones, qué hay que hacer para llegar hasta ese lugar del que no se sabe nada pero que se presiente que pega con lo mismo que uno mismo lleva por allá en las cinturas medias, a fuerza de empecinamiento y sudor en esas complicadas vestimentas de las damas, nadie sabe muy bien qué hacer con aquellas calenturas que aparecen en las noches de sueños tumultuosos de desvelos arropados en la cama invadidos por los pensamientos los mismos por los que los curacas piden explicaciones en las confesiones y en sus sermones dicen que son cosas del pecado de los mil infiernos aunque ellos también los deben tener no solamente los sueños sino también las calenturas, surcan los sueños los interrumpen los hacen placenteros porque al final todos de carne somos, cómo lidiar con esos faldones endurecidos con almidón y otros enseres, no se puede preguntar por qué, tampoco se puede contestar son cosas que los adultos no hablan en presencia de los niños o de los jóvenes, no se escucha a nadie hablando de qué hay que hacer para correrse a una moza, a una doncella que además está presurosa que se la corran porque nadie da explicaciones de todos estos pormenores, pero cualquiera comienza con las miradas con la proximidades que permiten los minués en las tertulias con el tacto tocando y empujando cuando aparecen las oportunidades, y con naturaleza descubriendo por dónde hay que seguir el camino, en donde sea que esté eso que parece amor y es calentura o esos enviones que de calentura terminan en amor, escondidos detrás de un aljibe en el patio de una casa detrás de un árbol en un jardín de frutales en un rincón elegido de una galería cualquiera sentir la calentura propia y la de ella, como si fuera el amor brotando a borbotones como cuentan los generales mayores que brota la sangre en la guerra como en la reciente guerra en el arroyo del medio, cuentos de allá que cuentan los soldados, que Ramírez derrotó al general que hace unos años entró en el cuartel de las temporalidades para mandar a los patricios, que los del interior le ganaron en esa a los de buenos aires que los colorados sobre los azules, cansado el mozo de tanto ir y venir de un lugar a otro con sus progenitores fieles servidores de un rey que ya no está de una corona que se derrumba por otros lados, se fue a la ciudad del río de los pájaros como le dicen entre la chusma que en los veranos calurosos entra a las aguas a refrescarse, se fue a la ciudad del río de los caracoles como le llaman los más encendidos defensores políticos de los líos en esta aldea donde hay muchos políticos viejos y babosos como esa criaturita del señor que saca su cabecita con un par de antenas de vez en cuando que avanza lentamente y que además tiene un caparazón duro donde se esconde cuando tiene que protegerse, casi un descripción de los caraduras que andan por los cabildos y las asambleas diciendo discursos por las cosas que después no cumplen, vetustos que no avanzan en las organizaciones de la aldea mayor y que además van por la vida pegándose a los negocios y olvidando que están para el bienestar de la gente, hasta allí llegó ese mozo don Justo José al que todos estos líos no le interesaban por esos días con una parte de la fortuna qu le dio su padre y se afinco con lo que más le gusta las milicias y los trabajos del campo andar mezclado en los entreveros, cansado el imberbe de tanto ir y venir por distintas ciudades con sus padres, leales a un reinado que está en problemas, se quedó allá por Concepción en la republica de entre ríos y allá tuvo sus primeros enredos, escarceos de novato con una primera mujer Encarnación Díaz, ese fue el nombre de su dama, una voluptuosa jovencita que conoció en los carnavales de tanto andar de bamboleo en bamboleo entre candombe y candombe, al mozo le gustan el carnaval y todas estas cosas de mujeres y alucinaciones con aguardiente, y de esa que le abrió el corazón igual que las piernas para que él la llenara de lo que tuvo que llenarla para que se calmara de sus furores, justo el Justo que por eso terminó de conocer el nombre de su consorte, porque la señora se apareció con una niña en sus brazos a los meses y le quitó la borrachera del momento.

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