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Saturday, November 24, 2012

Pelotones rima barranca.

Nadie supo nunca quien armó el grupo de los ajusticiadores porque de justicieros no tienen nada, nadie supo que unos fueron milicianos de mala laya otros sacados de la parte del paisanaje del peor origen disfrazados de gauchos de la federación, nadie sabrá nunca quien armó el grupo, ni lo supieron ni lo sabrán, a la corta a la larga todos murieron ahí no más durante los días anteriores durante los días posteriores, ninguno quedó para contarlo de los que anduvieron en el propio entrevero, quedaron solamente los testigos esos que después andan desesperados por contarlo, esos que mezclan los hechos más lo que se imaginan que los hechos fueron, de los otros víctimas y victimarios no quedó ninguno, de los asesinos no quedó ninguno después que anduvieron cantando victorias, manga de rejuntados, basuras que se van juntando a la que los coroneles u otros oficiales les ponen un uniforme y luego dicen o les dicen que son milicianos, eso son, aquellos, majaderos que cumplen instrucciones sin preguntar razones si las cumplen, porque son tan indecentes que a esta le vienen esquivando porque la cosa fue ocuparse de degollar a un caudillo del pueblo y ellos serán basuras pero vienen y son del pueblo, es que ese caudillo está metido mucho entre la gente del pueblo que lo sigue y lo quiere, rejunte de desorganizados los pelotones de la muerte los pelotones que fueron con la encomienda de dar con el tigre y matarlo a él y a todos los que estuvieran con él sin contemplaciones, asesinos a sueldo de señores de las logias, eso son estos que son los de ponchos celestes como habrá asesinos de ponchos rojos, mandamases de coroneles y otros oficiales, estos no son los que se ensucian se ensucian los maulas de los pelotones de la muerte, nadie supo los estuvieron siguiendo desde ojo de agua, en cada pedazo de cada legua que recorrió la galera que de macha pasó por sinsicate y luego pasó por barranca yaco, por ahí en el monte estuvieron escondidos poco más de treinta conscriptos, escuchando el esporádico santo y seña del maten carajo, una docena de siervos del general cordobés y del restaurador que al final se sacará un peso de encima, por ahí y entonces nadie quiso al tigre de los llanos, solamente hubo una forma de borrarlo del mapa, ponerlo en las manos de este montón de rejuntados gritando maten carajo, disparando a discreción con arcabuces y pistolas y fusiles, lacra humana armada hasta los dientes, pura imaginación, si después de todo nadie quedó para contarlo, nadie supo porque el restaurador mismo se encargó de limpiar la malestar que quedó, de esa manga de rejuntados y sañosos, que anduvo entonces martillando cerebros con los combos rematando a cuchillazos al postillón de doce años entre todos, manga de rejuntados que se pelearon también entre ellos mientras llevaron de apuro el inventario, dos vejigas con treinta y cuatro onzas de oro y una bolsa grande con trescientos pesos fuertes, una pava y tres cucharas y una jarra de plata, relojes cadenas y sellos y armas del general, nadie supo nunca quien armó el grupo de ajusticiadores alguien anda contando todavía que lo vio a Santos Pérez, que dijeron que anduvo con el botín que se fue para San pedro para ser juez de rayas en las carreras adonde corren el famoso rosillo de Bustamante y un lobuno de Urquijo traído de Santiago.

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