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Wednesday, October 31, 2012

Remembranzas rima añoranzas.

Contando, y encargando, como si se estuviera por morir hablando de legados y encomiendas, de cosas de su vida que nunca se acordó hasta ahora, de cosas lejanas de su infancia en muchos lugares de los cuales no sabe ni el nombre, el general que casi es un muerto que resucita en los campos de batalla así sean las praderas las montañas o los valles así sean los lechos o los pastizales desconocidos que elige para revolcarse con la Teodolinda la Solana o la Damasita, después de la derrota de Famaillá el general se quedó nostálgico y melancólico, y cabizbajo, y estuvo locuaz por muchos días con los de su círculo más íntimo, se volvió conversador y sordo y autoritario con sus ayudantes que ya mucho van haciendo con montar la guardia mientras él se pasa copulando, así fue que le contó a Pedernera con lujo de detalles cuando a los diez años acompañó a sus padre por los señoríos que los baqueanos dicen que son de chucuito por las tierras del inca cola suyo en milenios anteriores en un mar de leguas de arenas de leguas y leguas, se fue acordando al dedillo mientras le fue contando, sorprendido él mismo el general ni él se lo hubiera creído acordarse de aquellas soledades donde debe habitar el diablo durante el calor del día y dios por la noches heladas allá bien arriba donde los picos perforan el cielo, le contó que su padre, uno de los contadores oficiales de sus majestades excelentísimas para el virreinato del perú y del río de la plata, lo llevó con él cuando tuvo que hacer un inventario por el desierto chileno de minerales a cielo abierto, y que anduvieron con una partida escolta de militares durante muchos días por Arica, Tarapacá para inventariar la chilofita de los salares las exposiciones de cobre o de otros minerales según los informes reales que le hicieron leer, le contó que lo llevó al único lugar de la tierra donde no llueve nunca donde las nubes escapan y pasan en movimientos continuados como si fueran dibujos efímeros en el cielo azul de la mañana en el cielo amarillo de la tarde en ese lugar donde no hay una gota de agua ni arriba ni abajo con la excepción de la que en los deshielos se desprende de las cumbres corriendo a otros lados, le contó de ese lugar donde los cementerios son más grandes que los pueblos el único lugar del mundo en el que los muertos son más que los vivos en el que los que llegan lo hacen para quedarse y morir y no regresan nunca allá al lugar del que vinieron como él mismo está pensando que le pasará a él ahora lejos de la aldea, ese lugar donde los indios ni transpiran ni lloran en el valle del arco iris una hondonada que es como una mar de arena rodeado de montañas multicolores donde no existen ni los mosquitos ni las plantas ni las plagas.

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