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Saturday, April 14, 2012
preferencias
Preferencias.
A ella le gusta como a él le gusta, que el francés se la de una y otra vez sobre la mesa que hay en la despensa para acomodar las cosas que se van a ir sacando para cocinar en el día, a él le gusta más cuando es en el piso y en el medio del aroma de las especies y de los jamones de cerdos colgados de los parantes del techo del galpón, fiambres estacionados y colgados al tiempo como si estuvieran esperando pacientes que con los días se vayan preparando los estómagos que serán sus destinos finales de engordados funcionarios políticos y de otros notables más notables menos notables pero igual de angurrientos y golosos y obesos de la aldea que está convulsionada por estos días que llegan noticias que Belgrano está perdiendo batallas importantes en el norte, allá deben comer salteado lo que es por acá y gracias a lo que le gusta a ella y a él se come bien, a ella le gusta abrirse bien de piernas para que él juegue entre ellas mientras se prende en sus pechos como si fuera un bebé desesperado, y a él le gusta juntarlas para penetrarla todo lo que le den las fuerzas, pero lo que más le gusta a ella es que en todo eso Raymnod Aignesse como le gusta decir haciéndose que sabe hablar en ese idioma del hombre el cocinero, le guste que le saque a tirones toda la ropa que la deje hecha jirones de la cintura para abajo mientras lidia con su jubón corto de torero o su chupa y calzón para despejar los impedimentos para llegar donde llega por lo menos una vez por día y en lo últimos treinta días que ella lleva fuera de la cuarentena del parto, el anda para donde sopla el viento ese viento que más le gusta que sopla allá por donde la penetra y la toca y la disfruta como si fuera un manjar supremo, a ella le gusta ese hombre perezoso amante de dormir las siestas, ahí nomás esas siestas en llamas cocinero inigualable revolcándose en los mojones cálidos de paja reseca que hay por todos lados para combatir la humedad, a ella le gusta como a monsieur Ramón que además de todas esas cualidades y que él se la de una y otra vez que no la deje respirar con eso siente placer y llega al orgasmo, olvidada de las haldetas bordoneadas al jubón, descuidadas del estado de sus enaguas y de las mangas de su vestido camisa de muselina floreada, olvidada de la basquiña negra que tiró en medio del desparramo.

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