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Sunday, April 08, 2012
inicios
Inicios.
El mismo día que el cabo de guardia encargado militar en la plaza de la victoria tuvo la osadía de hacer salir a Don Bernardino a la puerta de la casa donde estaba de tertulia, majadero impertinente le comenzó a decir el secretario del triunvirato antes de escuchar porqué lo buscaba pasadas las diez de la noche, el mismo día que fue al quinto día del ajusticiamiento de los sediciosos del cuartel de las temporalidades en todo caso el cabo encargado militar de la plaza de la victoria le dijo al mismísimo secretario del triunvirato que la cabeza del sargento Manuel Alfonso ya no estaba más en la punta de la caña de bambú donde por orden de él la pusieron para que la vean todos los vecinos de la aldea y se escarmienten con hacer traiciones con las autoridades constituidas así no sean representantes de la real audiencia que no existe por estos días porque el corso desmanteló todo, que no sabía muy bien si se la llevaron los perros que ladrando como enloquecidos rondaron todos estos días atraídos por el olor de la carroña que de tanto mover la bambú la habrán volteado, o si se la habrán llevado sus compañeros de armas los patricios a escondidas para enterrarla en algún lado haciendo que lo entierran a él, que los parientes está seguro que no fueron porque no aparecieron en ningún momento a reclamar nada y se llamaron a silencio, ese mismo día la viuda del mismo Manuel Alfonso dio a luz un bebé moreno de unos tres quilos que nadie cerca relacionó con el occiso sino más bien con monsieur Ramón porque ella era una de sus preferidas entre todas las ayudantes que tiene para hacer puchero para todos los parroquianos que pasan por su cantina de todas las ayudantes que el francés tiene no solamente para hacer ollas sucias sino también cosas sucias que terminaban en esto con la dama pariendo hijos que él va reconociendo porque está en buena posición y un niño es la bendición de Dios así que en vez de enojarse estuvo entusiasmado todo el día diciendo que cuando los niños nacen traen un pan bajo el brazo como si fuera un presagio de buena fortuna después que la mala fortuna invadiera toda la aldea a con el fusilamiento de estos diez infelices que se dejaron fusilar como los otros esos del cabildo quisieron, cuando todos andan en los mismos incluso en cosas peores.

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