
Finales.
El final de un episodio es el comienzo de otro, el final de una comida es el comienzo de otra, toda historia empieza y termina por más que en el medio los que la hacen o las que la van manteniendo por el boca a boca la vayan cambiando sacando y poniendo partes o partecitas de sus propias historias que hacen a la historia que es la suma de lo que ocurre con algunas exageraciones y mentiras que le van aumentando los hombres según les convenga, y esta historia terminó en la aldea de cuarenta mil almas del once de diciembre de mil ochocientos once y quedó registrada en los libros que en otras épocas fueron los libros que se mandaban tres o cuatro veces por año y por barco a la junta de Sevilla y libros que desde hace un par de años quedan a resguardo de lo que ahora es el triunvirato de cuatro personas curiosa transcripción de lo que son los que lo forman, traicioneros negociantes majaderos, y también de quienes los que lo tienen como la autoridad que los representa al menos hasta que Fernando séptimo vuelva a tener la corona dicen ellos mismos que después van y lo entregan al mismo monarca en reuniones secretas que después llegan como chismes a todos, para los asuntos de américa que como son todas las cosas de los hombres forman la propia historia, toda historia termina igual que cuando empezó de una manera poco estridente sin rimbombancias, como fue esta de la orden de Belgrano para que los patricios simplemente se cortaran el pelo, quizás de las primeras medidas de carácter higiénico que se tomaron en el glorioso ejército que se está formando de estos detalles ninguno se acuerda, que se cortaran las coletas que quedaran pelones como su amigos los blandengues o los húsares los que tuvieron que atacarlos en el cuartel de las temporalidades con Rondeau a la cabeza de las cabezas de todos los milicianos que están para obedecer lo que se les manda y no para andar dando opiniones, por ese motivo que ellos siempre supieron eran otros motivos, toda historia empieza y termina le conversa monsieur Ramón terminó la de ellos empieza la nuestra las consuela groseramente a las dos viudas amigas que le vinieron con el cuento que ese Rivadavia no tiene remedio y que dispuso que las cabezas de los diez insurrectos quedaran distribuidas y blandiendo en largas lanzas en las plazas de la aldea y en el más importante pozo de Engracia donde los perros ladran porque se las quieren comer y no las alcanzan porque las pusieron en la puntas de unas cañas que enterraron bien en el piso, toda historia empieza y termina le conversa monsieur Ramón terminó la de ellos empieza la nuestra las consuela groseramente a las dos viudas que le están diciendo de qué van a vivir quién les parará las ollas a las guaguas, ahora que los pobres criollos ya no están.
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