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Monday, March 12, 2012

sanciones

Sanciones, condecoraciones, premiaciones. Los curitas llegaron a los brincos sorteando los charcos que se formaron en la calle por un chaparrón que cayó de un momento para otro, asustados nerviosos temblando y agarrándose para que queden más cortas las sotanas como se agarran las damas cuando caminan con menos gracias, vinieron impresionados diciendo que en el cabildo están que braman con las bombas que salieron de los obuses y que lo menos que piden es sanción para el delirante o los delirantes que lo hicieron, tirar dos bombazos que por suerte no lastimaron a nadie pero si dejaron daños en edificios y paredes circundantes, los sargentos en jefe los escucharon pero les dijeron que los de la junta están contaminados con los intereses de los españoles partidarios del monopolio y que ellos defienden a los criollos y el libre comercio que en esto coinciden con el jefe que según lo que dicen le nombraron a los patricios que por ahora, media tarde del seis de diciembre, resisten en las temporalidades, Alfonso les miente a los curitas cardenales prelados de la aldea que para eso ya armaron una junta marcial para juzgar a los responsables, aunque Juan Colares al que le cuesta callarse le retruca que personalmente no está de acuerdo en sancionar a quienes al contrario deberían condecorar o darles premiaciones, porque al final se trató de una acción que está de acuerdo con lo que vienen haciendo ellos mismo en estos días aciagos desde la novedad que deben cortarse las coletas, en contra de los prominentes hijos de puta del cabildo que con eso de hacerse que gobiernan y administran llevaron la noticias a los monarcas, con la historia que por estos dominios se están propagando una cierta clase de hombres malignos y perjudiciales con ideas subversivas que propenden a trastornar y alterar el orden público y el gobierno establecido le recita acordándose de memoria de las proclamas que recuerda de cuando estuvo Cisneros, en tamaña discusión los curitas se volvieron, brincando nuevamente sosteniendo sus sotanas como se las sostienen las chismosas damas que pasean o los visitan a los soldados en los cuarteles, para llevarles comida y un buen para de tetas aunque sea que sean para mirarlas nomás.

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