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Sunday, March 11, 2012

complicidades

Complicidades. Nadie sabe bien en el cuartel si el gringo tuvo dos cómplices porque en la manipulación de los obuses deben participar al menos dos soldados, o tres o cuatro encubridores, nadie sabe muy bien ahora, apenas se escucharon los potentes estruendos y se vieron los destellos como llamaradas de artificio surcando ese pequeño universo infinito que se domina con la vista reducida por resplandores y por el arco de la recova dibujado en la claridad de un cielo despejado de nubes a las tres de la tarde del seis de diciembre, precisamente según los gritos del últimos sereno que pasó de ronda anunciando la hora, el mismo que se las pasa haciendo inventarios de los faroles que apenas unas horas después debe encender y de la velas que tendrá que reponer en las próximas rondas, nadie sabe bien en el cuartel si el gringo tuvo tres cómplices, o cuatro o cinco compinches, nunca son suficientes los soldados para llevar con rapidez y eficiencia las tareas de carga de los obuses, alguien debe coordinar y tiene que haber gente para acarrear y cargar, colocar la bala de sólido y puro plomo acomodada en el caño como se debe, apisonar la pólvora acomodar la inclinación para lograr la dirección deseada encender la mecha prenderla, las tareas requieren no solamente de soldados sino también de oficiales calificados, así que además de la complicidad de los compañeros el gringo Nonfres debe de haber tenido el visto bueno de un oficial de más rango pero al final nadie sabe muy bien, pero el gaucho desteñido se dio el gusto de mandar dos avisos a la junta de gobierno, a lo macho como en las mejores batallas con el único lenguaje que entienden todos el miedo a la muerte, la misma junta de gobierno o el cabildo autoritariamente reducido a dos o tres vivos que se quieren hacer cargo de lo que piensan los vecinos de la aldea, la misma junta chica del traicionero de Rivadavia la misma de su amigo el alcalde Grigera, la misma que según los chismes propondrá la libertad y la independencia de cualquier corona, la misma que le encomendó a Rondeau un amedrentamiento para el día siguiente según la información que trajeron, nadie sabe muy bien si fueron dos o tres o más o todos lo que habitan en ese viejo cuartel de las temporalidades los cómplices del gringo, pero él se dio el gusto de poner dos bombazos en la dirección de la plaza de la victoria.

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