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Monday, March 26, 2012
juicios
Juicios finales.
El sargento Juan Colares es el más bruto de todos así que cuando ve que a Mariano Carmen se le escapan unas lágrimas entiende toda esa cosa que los del cabildo con Rivadavia a la cabeza dijeron a viva voz esa mañana del once de diciembre, habrase visto jueces y partes estos siempre haciendo lo mismo la misma historia de sembrar en todos los lugares, amontonados en la sala mayor del primer piso del cabildo la voces que se levantan juicio sumarísimo por lo señores de la aldea porque corrieron a los representantes de las provincias, culpables de insurrección a la patria a una patria que ni siquiera ellos saben que es en todo caso insubordinación a la corona que no es corona por culpa de Bonaparte, ahora entiende el sargento que están hablando de ellos y estarán enojados por eso dicen esas palabras que son rebuscadas para él pero que percibe por las caras de sus compañeros que no son buenas palabras y por lo tanto no son buenas noticias, que los vendidos esos están apurados por darles sus condenas, a ellos héroes de las batallas que se libran juzgados porque insubordinados no se quisieron cortar las coletas, medio mucho para medio poco, él será bruto pero también es el más macho de todos es el que más se aguanta en silencio la liviandad con la que esos traicioneros lacayos de reyes invisibles disponen de sus vidas de las de sus compañeros Domingo Acosta, Manuel Alfonso y José Enríquez, todos al cadalso todos al sacrificio con exposición pública suplicios por partidas dobles o por múltiples partidas porque además de fusilarlos y descuartizarlos capaz es nomás que estos hijos de puta mutilan los cuerpos para ponerlos en exposiciones en las plazas públicas para que los que andan en lo mismo desistan, defender los intereses de todos pero de todos de los que están en las provincias de los pobres orilleros, para que los demás aprendan que no hay que remar contra la corriente, ni contra de las autoridades no contra las normas establecidas ni contra las órdenes de los oficiales nombrados por ellos mismos aunque se trate de oficiales que con juicio sumarísimo del sumario que les están haciendo anotando en libros que probablemente nadie más que ellos tocan que probablemente se los llevan a los jefes que se duermen de tantas descripciones atroces que hay escritas con tinta china indeleble, Ricardo Nonfres permanece inasible no se le mueve ni un pelo, porque los otros Manuel Pintos, Agustín Castillo y Juan Herrera lloran como niños por sus chinas que piden clemencia y por la mirada triste de sus guaguas, por culpas de estos hijos de puta aguafiestas.

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