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Wednesday, February 08, 2012

voluntarios

Voluntarios. Manuel Alfonso es el sargento más respetado de los que van quedando en el cuartel de las temporalidades en este cuatro de diciembre que ya se termina con el sol poniéndose justo al otro lado de la banda oriental y después de la cantidad de idas y de vueltas de los edecanes de la junta y de los obispos que fueron y volvieron varias veces desde el cuartel al cabildo y desde el cabildo al cuartel intentando arreglar los entuertos, es un sargento de los cuatro que quedan pero ese el más curtido porque además es el más veterano, como lo era ya allá en esa banda oriental donde anduvo con otros compañeros de otros cuerpos como los arribeños o los dragones cuando fue el tiempo de andar poniéndole el cuerpo a los enemigos de la patria, de la patria de él por lo menos lo aclara con cualquiera y también con sus compañeros, su patria es su casa su chacra sus reducidos corrales su par de vacas, porque a veces los escucha a los otros mientras se queda mirando al vacío siempre con una sensación que hay varias patrias en una o que hay que hacer caber esa única patria en varias, porque cada vez que cualquiera habla de ella habla del piso por el que caminan de este terruño hablan de la misma cosa y entonces se entienden y se entienden bien, pero cuando se trata de decir de quién será la patria, para organizarse para saber quien manda quien hace cumplir la ley quien ordena el comercio, de quién si de los que viven en ella o de otros hay muchas opiniones, que no siempre son acuerdos que van desde los que se quieren quedar con los ingleses viviendo juntos con esos que propician el comercio o con los españoles que están desde el comienzo o con los propios de la aldea, una opinión por cada persona que la da como si la patria no pudiera ser algo para todos, porque la patria de él no es la misma que la de los otros y las de los otros difieren también, cuando debieran saberlos él y los demás después de la guerra con todo el tiempo que ha pasado desde esos días lejanos cuando fueron convocados, de urgencia porque se trataba de defender la aldea, cuando llamaron a cualquiera desde menestrales como él Manuel el del puerto lo conocían porque siendo joven estibaba y bajaba las estibas con la misma facilidad con que lo hacían los otros, desde menestrales como él mismo a peones como Juan o artesanos como Domingo Acosta, cuando pensaban que no iban a reclutar ni cien y ellos nomás sin contar los que fueron a otros cuarteles fueron como dos mil la misma cantidad que después dijeron eran los fusiles de tiro fijo de los que disponían sumando los que les quitaron a los ingleses, o como la cantidad de calzones blancos y de chaquetillas azules que hubo que salir a conseguir porque no alcanzaban ni la plata de la junta ni lo que había en arsenales de fusiles y de sombreros de paisanos ni siquiera la plata de ellos mismos en esos días.

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