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Monday, January 09, 2012

muertes y densidades

Muertes y densidades Ni los mosquitos zumban esa mañana sofocante del siete de diciembre, Juan Colares y Domingo Acosta montan la guardia adormecidos por la falta de sueño y el medio litro de aguardiente que entre los dos se tomaron, ni un ruido hay esa mañana cerca del verano austral en el cuartel de las Temporalidades, los sargentos Manuel Alfonso y José Enríquez en algún escondite camuflado en ese predio inmenso con galpones de adobe donde además la tropa improvisó las cuadras justo en los lugares por donde los jesuitas dejaron sus cosas terrenales antes de salir al exilio, un destierro como el que presiente que sufrirán ellos el cabo Agustín Castillo por acá, Juan Herrera o Mariano Carmen y el sanguíneo el gringo de Ricardo Nonfres por allá, todos deambulan sigilosos en el abierto cuartel de los patricios por estos días, lejos está el sol apenas apareciendo desplazado del orto del veintitrés de setiembre y hay unos zancudos que molestan a un par de perros sarnosos que pelean con unos huesos amarillos y pelados del caracú del puchero que ha servido de comida en las últimas horas, nadie habla demasiado ni muy fuerte hay una tensión espesa como el mismo día, todo parece la muerte antes que la vida en ese grupo de hombres que prefieren la muerte de la resistencia muy densa con la convicción de la razón que la muerte del servilismo menos densa de las razones ingrávidas de los otros que pretenden imponerse, lejos está ese sol como viniendo de esa banda oriental que conocen mucho estos mismos soldados que defendieron la aldea con el pecho y la sangre propia como para andar ahora con problemas con los del triunvirato, ya se lo hicieron saber y también invitaron a los oficiales de guardia a que se retiren del cuartel para que no los involucren esos otros que andan buscando responsables como tantos cobardes eso sí abogados que andan sueltos, ya llamaron al capellán para que los haga rezar unos padre nuestros y unos ave maría mientras esperan lo que ellos ya saben, ellos nunca serán pelones mientras los tambores y las trompetas hagan vibrar los corazones resistirán hasta su muerte.

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