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Saturday, December 24, 2011
entre otras cosas, esta
Entre otras cosas, de Infantes de infantiles de infelices.
Cómo lo pueden aceptar corren las noticias en la noche de diciembre, si el jurista no sabe nada de peloteras no sabe nada de guerras no sabe nada de peleas, y menos de andar mandando gente libre, que no se crean los que lo nombraron y los leguleyos que engañan a los criollos con eso de andar poniendo por todos lados, blasfemando a Don Cornelio que también lo hace, opiniones cambiadas, quedando bien con dios y con el diablo, qué podrá saber este para dar instrucciones para que la tropa entera ande sin las trenzas que la distinguen, se acuartelan y se resisten los hidalgos patricios lamentando que se fue su comandante reemplazado por este y de acuerdo a una orden de su amigo Sarratea, si en la aldea no hay mucha gente y la mayoría se conoce, mucho más a estos señoritos estudiados en Salamanca o haciendo negocios en el consulado de comercio la mayoría de los cuarenta años que dicen que tiene, cómo pueden qué andarán queriendo esos que creen que de ahí van a venir a poner sus ideas como si ellos vivieran el día a día, qué querrán de disminuirlos diciendo que fue el único cuando en realidad fue uno entre docenas y cientos de jóvenes de las Américas que estudiaban en Sevilla por esos años, o en Salamanca que andaban de un lado a otro con la plata que desde el terruño enviaban Doménico y María Josefa, que por mérito recibían ese permiso especial de Pío VI para leer obras heréticas una autorización para espiar a Montesquieu y en las bulas alejandrinas de más de trescientos años tratando de entender los negocios y los negociados de aquellos españoles y portugueses de entonces como en la época de revolución entendida por los franceses de manera diferente a la que entendieron los españoles y los ingleses, cómo lo pueden aceptar si ellos mismos anduvieron repartiendo pasquines donde el otro escribe me hallaba en España y la revolución de Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuere donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente, justo entre otras cosas como escribió ese Alejandro cuando allá lejos se puso a repartir lo que no era de él, como se hace en estas orillas con las milicias leales.

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