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Friday, December 16, 2011
confesiones de un extraviado
Confesiones de un extraviado.
Ni yo fui el malo y ella la buena, ni yo el bueno y ella la mala.
Fuimos.
Ni ella se portó mal y yo bien, ni yo me porté mal y ella bien.
Nos portamos.
Nos comportamos.
Al revés de como sucede en cada vez que él propone y ella dispone, ella dispuso sin que yo me enterara qué tenía que proponer qué debía proponer, cuándo o cuánto, y entró en mi vida como una tormenta, arrasando con todo.
En unos pocos días estuvo y después dejó de estar, vientos lluvias relámpagos y truenos tuvo esa tormenta igual que cualquiera, y en realidad no sé si fueron pocos o muchos días, para mí fueron pocos, porque fueron los único días y nunca más la vi, y en esos pocos días no me hizo ninguna pregunta, poco hablamos todo fueron tactos y contactos.
De pronto estuve encendido en medio de sus pechos de pronto estuve tocándola una y otra vez por todos lados, igual que ella me tocó por entero.
Eso fue todo.
Sexo, no estoy seguro que lo hayamos tenido, pero eso no contó en ese ojo de tormenta.
No pude preguntar, no me dejó preguntar, solamente me dio y me pedía igual que yo, amor prohibido.
Eso fuimos.
Y fuimos.
Y dejamos de serlo.
Hembra cien por ciento, para mí fue la mina que más me enterneció.
No se si la habré enternecido.
Parece que no.
Yo pienso en ella cada día.
Parece que ella no piensa en mí.
Aunque algún maligno me dijo sin saber que me dolería, que le pone los cuernos al marido con cualquiera.
Como si eso dijera algo, yo también le puse los cuernos a mi mujer no se si con cualquiera se los puse.
Ella para mí no fue una cualquiera.
Tal vez yo para ella sí.
Y por eso ahora al enternecimiento se le sumó la nostalgia.
Creí que me conocía.
No me conozco nada.
Creí que conocía.
No conozco nada de nada.
Porque no dejo de andar perdido.
No se si la extraño.
Pero extraño esa tormenta.

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