Rutinas y visitas.Depende de muchas cosas propias y ajenas pero después de los cuarenta la vida parece un yo – yo dormido, pendiendo de un hilo que lo deja a centímetros de suelo girando y girando como si ese giro no fuera a terminar nunca, aunque termina parece que no termina por segundos por minutos que parecen eternidades en la misma inercia del giro parecido, así le parece su vida y así le parecen los días al tordo un poco cansado de los hijos de puta que lo tienen privado de la libertad le dijo el abogado que le puso el partido radical gracias a gestiones del chino, que a su vez les dijo a los otros dirigentes que no había que ser calentón con el hombre, que es un militante de la primera hora y además un profesional competente y además un buen bocina que no se olviden que los tuvo informado de todo y también de cuando le quiso meter las manos en los bolsillos a los patrones con la ordenanza impositiva, que si al final fue intendente gracias a los peronistas que no se olvidaran que él ya se había reconciliado con el jefe con ese discurso emotivo que dio el día de la despedida definitiva cuando dijo que un viejo adversario viene a despedir a un amigo, y que si él dijo esos del hijo de gran puta que también lo tuvo preso, porqué no van a ayudar a un tipo que nunca dejó de trabajar para el partido, pero a él los días le comenzaron a parecer todos iguales , rutinarios de rutinas aburridas porque encima al lado de cómo tratan a los otros a él lo tratan como un caballero salvo cuando vienen los mayores o los tenientes y ellos mismos se encierran solo con él en una habitación mientras intentan que hable con una picana o lavándole el cerebro para que les diga hasta dónde él está metido con toda esta manga de zurdos que son como una plaga, pero después se van y los subordinados no es que le anden poniendo alfombras rojas pero será por lo que es mayor le hacen giño para que por lo menos una vez a la semana unos minutos no más de unos veinte minutos el tipo pueda estar solo en una habitación que cuidan dos canas en la puerta, solo con la señorita Denistrópulos que lo viene a ver justo los días que no viene nadie de la familia y se ve que le hace cosas mimosas porque el tordo salo como más liviano y sonriendo diciendo que la vida sería una mierda si no fuera por los buenos momentos, le dice uno de los guardias a otro contándole que los ha espiado y que ella y él no hacen nada malo que se tocan un poco y después ella que parece una mosquita muerta se entretiene con lo que el otro tiene entre las piernas, nadie debía saberlo, nadie lo sabrá nadie lo sabía, nadie lo supo como los dos lo supieron o lo supieron los demás después que el espión lo supo.
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