Encierros y campos traviesa.El se crió en los potreros de los años cincuenta, cuando la zafra en los ingenios del jardín de la república se hacía a pura carreta y fuerzas de bestias sobrecargadas todo el día, las mulas y los pobres coyas que trabajaban en familia y contratados por un jornal de miseria, así que bien sabía lo que tira una yunta, eso es precisamente lo que está pasándole por el hervidero de su cabeza desde que ella se lo dijo, al final lo único que tiene que hacer es pensar entre la paredes del calabozo donde lo tienen, encerrado como está lejos de esos días cuando corría por las serranías que bordeaban los surcos en pendientes infinitas que llevaban naturalmente el agua a los lugares donde los patrones la utilizaban, para regar o para cocinar la caña, lo que más extraña de esos días en el encierro en el que lo tienen estos hijos de puta es aquello de correr y correr sin nadie que pusiera límites para nada, la cabeza le da vueltas y vueltas aunque la primera vez que se lo dijo él le dijo un rotundo no.
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