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Wednesday, November 23, 2011

buenas noticias malos negocios

Buenas noticias malos negocios.
Siempre les faltó cinco para el peso pero cuando el guampudo apareció comprando una casa mejor de la que tuvieron de toda la vida en la villa hubo un tiempo de ilusión que las cosas habían cambiado, buenas noticias llegaron con eso de acercar el bochín a la bocha grande del centro y en una casa que no era oh! el lujo pero que tenía más comodidades que la otra, era subir unos cuantos escalones desde que él se acordaba el único en sus primeros cuarenta años que es cuando las cosas le cambiaron totalmente, ilusión que duró un periquete como duran las ilusiones para los pobres del mismo largo que tienen las esperanzas y en definitiva los sueños que todo es más corto que el hambre que el frío cuando se siente y el calor y los mosquitos cuando no hay con qué darles, por los malos negocios por los putos negocios que no permiten remontar el barrilete porque el viento de la pobreza es una mierda terrenal que pega al piso y a las miserias de los miserables, cuando se busca a propósito el olor del ocote hirviendo para el puchero porque si hay descuido es más fuerte el olor de las aguas servidas que salen a la vereda de la casa y entonces dan nauseas justo cuando hay que comer y no se puede comer con las arcadas por un lado y con la panza que suena del hambre por el otro, hasta que apareció él que logró lo que logró que aparentemente quería, que fue vivir un romance de unos meses con la vieja, trincando a la noche a la tarde y a la mañana porque ella se resistía y se quiso hacer la dura pero había pasado mucho tiempo sin abrirse de piernas y se notaba que estaba desperada, así que después de unos amagues entre mate y mate le metían todo lo que podían, el adalid de todo lo que no fuera la hoz ni el martillo se acordaba clarito de esos días felices para todos de esos días que tuvieron libertades que no tuvieron nunca hasta tuvieron la sensación que podían pedir algo que tenían prohibido en forma terminante, hasta que un vecino maligno le acercó a la vieja la hoja amarillenta de un diario donde lo vinculaban al guampudo carnudo de tiempos remotos y pasados, con el asesinato de un comisario en la linda, que lo habían mandado a él para que después la policía no pudiera buscarlo porque el comandante era íntimo de ese gobernador renegado que se le dio por soltar a todos los presos y abrir las puertas de las comisarías y la cárcel para que lleven los chicos de los colegios en forma de paseo para que vieran que la policía era para servicio público y no para andar persiguiendo ladrones de gallina, y el viejo les vino como anillo al dedo porque en su pago la policía era cosa de machos y entonces lo protegieron para que ningún juez pelotudo venga buscarlo por el fiambre aquel que dejó en medio de un charco de sangre en la confitería del hotel de la victoria plaza.

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